Para el capellán de la cárcel de menores Beccaria, las violencias ocurridas en los últimos días en la capital lombarda no deben confundirse con las manifestaciones estudiantiles. En la base del fenómeno se encuentran el malestar social, la fragilidad emocional y la desconfianza en las instituciones: «Hay que ayudar a los jóvenes a reconocer sus propias emociones y devolverles la confianza».

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