El sagrario desapareció entre dos turnos de catequesis infantiles, en una capilla de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Parla. En su interior había cerca de 30 formas consagradas y una de mayor tamaño, destinada a la adoración nocturna. Nadie vio cómo se lo llevaban. La parroquia denunció los hechos ante la Policía, que investiga el robo.

La proximidad de Halloween, que se celebra el 31 de octubre, ha llevado al párroco, Orlando Mateos, a plantear la posibilidad de que la sustracción esté relacionada con prácticas satánicas. Por el momento, sin embargo, no hay pruebas públicas que permitan confirmar esa hipótesis ni establecer el móvil de los autores.

El caso se suma a una sucesión de episodios similares registrados en España durante 2026. En Galicia, cuatro iglesias sufrieron profanaciones entre agosto y octubre: en algunos casos se sustrajeron copones con formas consagradas y, en otro, las hostias fueron esparcidas por una plaza. También se han registrado casos en Madrid y Barcelona.

¿Han aumentado las profanaciones?

El Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC) ha contabilizado siete profanaciones de sagrarios en España en lo que va de 2026. Su informe correspondiente a 2025 registró nueve.

Esta sucesión de robos ha suscitado preocupación en distintas diócesis. Tras el asalto a la iglesia de San Martiño de Noia, en septiembre, el arzobispo de Santiago de Compostela, Francisco José Prieto, presidió una Misa de reparación y desagravio. En ella invitó a los fieles a responder a lo sucedido con fe, oración y comunión, sin dejarse llevar por el odio ni la venganza.

¿Qué ocurre con las formas consagradas cuando son profanadas?

El Código de Derecho Canónico establece que las hostias consagradas deben custodiarse en un lugar seguro y que quienes cuidan de la iglesia han de guardar con diligencia la llave del sagrario. También dispone que las formas se conserven en un copón y que se renueven con frecuencia, consumiendo debidamente las anteriores. 

Cuando se produce una profanación, la respuesta concreta depende de las circunstancias. Si las formas son recuperadas, corresponde a los responsables eclesiásticos actuar con la debida reverencia y conforme a las normas litúrgicas. Si no aparecen, como sucede por ahora en Parla, no cabe dar por supuesto cuál ha sido su destino. La Iglesia contempla asimismo celebraciones de reparación y desagravio cuando se profana la Eucaristía. 

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