La gratitud, el valor para ir «más allá de uno mismo»
La Cátedra Edith Stein del CITeS–Universidad de la Mística en Ávila, acoge este viernes la jornada Gratitud. Interioridad, relación y trascendencia. La psicóloga Almudena Duque, de la Universidad Pontificia de Salamanca, abordará Los efectos de la gratitud en el bienestar.
En conversación con Alfa y Omega, Duque distingue entre el agradecimiento como una forma de relación social, que consiste en «dar las gracias por una acción concreta», y la gratitud entendida como «una disposición más profunda ante la vida». Esta última lleva a reconocer y valorar aspectos que a menudo pasan inadvertidos, como la salud o la familia. «La gratitud tiene que ver con dar gracias por muchas cosas que posiblemente no sean tan visibles», explica. Además, está relacionada con ciertos rasgos de la personalidad y con la capacidad de ir «más allá de uno mismo».
La psicóloga advierte de que hoy en día el ritmo de vida dificulta prestar atención al presente: «Con frecuencia, mientras se lee un libro o se realizan tareas cotidianas, la mente está ocupada en las obligaciones pendientes o en lo que sucederá después. Ni siquiera a veces somos muy conscientes o tenemosatención plenasobre lo que estamos haciendo, sino que pensamos en lo que va a venir», señala. Esta falta de atención deja poco espacio para reconocer aquello «por lo que merece la pena estar agradecido».
Bienestar emocional
También apunta a la relación entre la dificultad para vivir el presente y el bienestar emocional. Según explica, «las personas que permanecen atrapadas en los acontecimientos pasados pueden experimentar más síntomas depresivos, mientras que quienes se preocupan excesivamente por lo que puede ocurrir en el futuro pueden sufrir ansiedad». En ambos casos, esa tendencia dificulta encontrar motivos de agradecimiento. «No están nunca en el momento presente. Por lo tanto, es mucho más difícil encontrar esos momentos de agradecimiento», afirma.
Almudena Duque aborda el bienestar emocional de la gratuidad. Foto cedida por Almudena Duque.
Entre las prácticas que pueden ayudar a cultivar la gratitud, Luque menciona el diario de gratitud y la carta de gratitud, respaldados por investigaciones científicas. Estas herramientas pueden mejorar el estado de ánimo durante unas horas o unos días, pero Duque advierte de que sus efectos no necesariamente se mantienen a largo plazo. «Para que la gratitud tenga una influencia más sostenible tiene que ser algo que se cultive desde la trascendencia y desde la interioridad», sostiene.
Un valor a construir
Este proceso no implica negar las experiencias negativas. Se trata de reconocer que, incluso en medio de la adversidad, pueden aparecer pequeños momentos de alivio o bienestar. «Una persona puede seguir atravesando una situación difícil y, sin embargo, haber disfrutado de unas horas en las que se ha encontrado mejor. Son esas pequeñas cosas» las que conviene aprender a reconocer, explica la psicóloga.
La doctora en Psicología de la UPSA recuerda, además, que la gratitud es una disposición «relativamente estable» de la personalidad. Aunque algunas prácticas pueden ayudar a modificar ciertos aspectos, no basta con entrenarlas para convertir de repente a una persona poco agradecida en alguien que lo sea mucho. Por eso, defiende que la gratitud se entienda «como un valor personal y no tanto como una herramienta instrumentalizada para salir del hoyo cuando estoy en él», resume.
Desde una perspectiva creyente y cristiana, la psicóloga relaciona la gratitud con la gratuidad, una comprensión más existencial de la vida. En este sentido, explica que la fe puede ayudar a reconocer la existencia «como un don» y a distinguir entre el agradecimiento por hechos concretos y una actitud más profunda de gratitud. «La gratitud sería mucho más existencial», afirma, aludiendo a la fe en que «Dios está por encima de nosotros y de que siempre, de alguna forma, tiene reservado algo bueno para cada uno».
Las familias numerosas piden una prestación universal de 200 euros al mes por hijo
La Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) ha elaborado un decálogo con diez medidas de política familiar que trasladará en las próximas semanas a los partidos que concurren alas elecciones del próximo 29 de noviembre. La entidad reclama un mayor apoyo económico a estos hogares y que las ayudas sociales tengan en cuenta a todos los hijos, sin limitar su cómputo al tercero o al cuarto.
En este sentido, «se debe tener en cuenta la composición familiar para no castigar a las familias numerosas. Una familia con cuatro o cinco hijos va a tener un consumo mayor de agua o de luz porque necesariamente va a poner más lavadoras. Este mayor consumo, en suministros básicos, no se puede penalizar, todo lo contrario, se debe apoyar y compensar», explica la FEFN.
Entre sus principales demandas figura una prestación universal por crianza de 200 euros mensuales por hijo hasta que cumpla los 18 años. La Federación considera que esta medida permitiría garantizar unos mínimos de bienestar a todos los niños y niñas, con independencia del tamaño de su familia. Según señala, tener hijos se ha convertido en España en un factor de desigualdad y pobreza, una situación que afecta especialmente a las familias numerosas, monoparentales y con miembros con discapacidad.
La FEFN celebró recientemente su congreso nacional en Badajoz. Foto: FEFN.
La FEFN también pide una reforma fiscal con perspectiva familiar, que mejore las deducciones y los beneficios fiscales en función del número de hijos y tenga en cuenta los gastos de crianza, educación, vivienda, transporte y conciliación. Asimismo, reclama que se reconozca a todos los hijos al calcular los umbrales de renta y las ayudas sociales, así como en las tasas municipales y los recibos de suministros básicos, como el agua y la luz.
Permisos y becas
En materia de conciliación, la entidad propone ampliar el permiso por nacimiento en una semana más para cada progenitor de las familias numerosas. En educación, solicita becas o ayudas para el comedor escolar, cuyo coste cifra en unos 120 euros mensuales por niño. La Federación considera que este gasto resulta difícil de asumir para los hogares con tres o más hijos.
El decálogo incluye también una actualización de la normativa de protección a las familias numerosas. Entre otras cuestiones, la FEFN pide revisar las condiciones del título en caso de separación o divorcio y elevar a dos veces el IPREM el límite de ingresos de los hijos que trabajan y siguen dependiendo económicamente de su familia. Además, reclama que el título se mantenga automáticamente hasta que el último hijo cumpla los 26 años si continúa estudiando.
Por último, la organización plantea que las familias con cuatro o más hijos sean reconocidas como numerosas de categoría especial. La medida, que según la Federación está pendiente desde la anterior legislatura, buscareconocer el esfuerzo de crianza de estos hogares en un contexto de baja natalidad, con un índice de fecundidad que, según los datos aportados por la entidad, apenas alcanza los 1,1 hijos por mujer.
El Papa no viajará a Asís el próximo martes para «facilitar su recuperación»
El Papa León XIV «no podrá estar presente en Asís», ha anunciado en la mañana de este viernes la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Allí tenía previsto participar en el encuentro Paz desarmada y desarmante, organizado por la Comunidad de Sant’Egidio con motivo del 40 aniversario de la Jornada de Oración Mundial por la Paz, convocada por san Juan Pablo II en la misma fecha —el 27 de octubre— de 1986.
La decisión se ha tomado «para facilitar la recuperación después de la intervención de cirugía torácica de la semana pasada» y «siguiendo el consejo de los médicos». En lugar de asistir, el Santo Padre hará llegar «un mensaje suyo de cercanía a los organizadores, a los jefes y representantes de las confesiones cristianas y de las religiones» así como a los demás participantes en el encuentro.
Lo hará desde la «convicción de que el «espíritu de Asís», el diálogo y la búsqueda de palabras y gestos de paz son recursos preciosos en una época de conflictos». Son líneas en las que ha insistido de forma recurrente en otros encuentros interreligiosos, como durante su viaje a Argelia o, más recientemente, en Metz el 28 de septiembre, en el último día de su visita a Francia.
Para facilitar su recuperación los médicos aconsejan que el #Papa no acuda la próxima semana a #Asís para asistir al encuentro interreligioso previsto.
Se unirá por un video mensaje
#Vaticano https://t.co/fhZXrS1jDt
Hay que tener en cuenta que el viaje a Asís se realizaría en helicóptero, con menos comodidades y facilidades que un avión. Además, se habría producido exactamente dos semanas después de la operación en la que se le extirpó el lóbulo inferior del pulmón derecho a causa de un adenocarcinoma.
El pasado fin de semana su cirujano, Stefano Margaritora, explicó que después de una intervención similar, «se necesitan un par de semanas para lograr una recuperación física verdaderamente completa». Por tanto, «dado que ya ha transcurrido casi una semana, en definitiva, creo que el Papa podrá estar plenamente recuperado dentro de unos diez días más».
Sin objeciones para Latinoamérica
Esta estimación lo situaría más cerca de finales de la semana próxima que del martes mismo. En la misma entrevista a medios vaticanos, Margaritora afirmaba que «no hay motivos clínicos por los que no se pueda realizar» el viaje previsto a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre.
A esta estimación se sumaba el miércoles la buena noticia de que las pruebas posteriores a la intervención habían confirmado que «no era necesario ningún tratamiento adicional» porque «la enfermedad estaba localizada». Esto descartaba que el Pontífice tuviera que someterse a radio o quimioterapia.
Álvaro de Juana, actor: «Ser católico es compatible con interpretar personajes oscuros»
La Universidad Villanueva organizó el jueves el evento Salto de Fest, en el que participaron actores, cantantes y matrimonios que dieron charlas inspiradoras sobre vocación. Entre ellos estuvo el actor Álvaro de Juana, conocido por obras como el musical El rey león y series como Amar es para siempre y Élite.
—¿En qué momento descubriste que querías dedicarte a la interpretación? ¿Qué te atrajo de este mundo y qué has descubierto de ti mismo a través de él? —Técnicamente, empecé con tan solo un año, porque mi padre trabajó durante muchos años en una empresa, en la parte publicitaria. Cuando necesitaban al típico bebé de ojos azules para un anuncio de pañales, me llamaban a mí. No sé si eso tiene algo que ver con mi deseo de ser actor, porque mi hermano también lo hacía y no siguió ese camino.
Con ocho años me llegó la inspiración de ser actor mientras mi madre me leía un cuento. Yo siempre le preguntaba por qué actuaban así los personajes. Era muy pesado con eso y mi madre lo sufrió hasta que le dije: «Creo que quiero ser actor». Mis padres podían asentir y reírse o apuntarme a una escuela de teatro. Todavía me sorprende que hicieran lo segundo. Allí empecé a descubrir que aquello me gustaba mucho. Me llevó a algún casting importante al que fui sin ningún tipo de ambición, pero me cogieron para el musical de El rey león, en la Gran Vía. Estuve allí casi dos años, prácticamente todos los días, delante de miles de personas. Ese fue mi primer contacto con el mundo profesional de la interpretación. A partir de ahí desarrollé una carrera a la que todavía sigo intentando dar forma.
Formación y talento
—¿Y cómo se construye una carrera como actor? ¿Hasta qué punto puedes decidir qué papeles interpretas? ¿Buscas proyectos, te los ofrecen o tienes que decir que sí a todo? —Primero, con formación y una base mínima de talento. La formación es muy importante, como en cualquier profesión, para tener herramientas. A partir de ahí, la carrera se construye con un representante que trabaja mano a mano contigo. Es quien se encarga de los castings, las pruebas, los contratos y toda la parte más técnica de la profesión. Así, tú llegas al set y te dedicas a hacer tu trabajo, sin tener que estar buscando castings ni pruebas.
Álvaro de Juana, a la derecha, con Javi Nieves y el cantante Inazio. Foto: Universidad Villanueva.
La carrera también se construye diciendo que no a algunas cosas. Es tan importante el sí como el no. En esta profesión recibes muchos noes: te presentas a diez castings y te cogen en uno, y en los otros nueve te dicen que no, siendo optimista. De la misma manera, tienes libertad para decir que sí o que no a proyectos y personajes. En mi caso, he podido decir que no a alguno.
—¿Y cómo decides dónde están los límites? ¿Hay papeles, escenas o películas con los que no te gustaría tener relación? —Hay una línea fina. Yo, como actor, no estoy obligado a compartir el pensamiento de un personaje. Mi trabajo es interpretarlo, trabajar la empatía. No necesariamente tengo que defenderlo cuando termina el rodaje.
Como en todos los trabajos, lo importante es tener claro quién eres y cuáles son tus valores. Ser católico es perfectamente compatible con contar historias e interpretar personajes más o menos complejos u oscuros. Mi trabajo consiste en trabajar la empatía para ser capaz de entender por qué una persona es así. Y, por supuesto, está bien y es lícito tener límites y no querer cruzarlos.
Dones al servicio de Dios
—Estamos en la Universidad Villanueva, donde vas a hablar delante de muchos jóvenes. ¿Qué responsabilidad tenéis los actores y los creadores audiovisuales con quienes ven vuestros trabajos? Cuando eliges un papel, ¿piensas en la repercusión que puede tener en la gente de tu edad? —La realidad es que es un trabajo como otro cualquiera, pero tiene el factor de la visibilidad. Nadie te asegura cuántas personas van a ver una serie en la que estás trabajando. Yo trabajo de la misma forma si me preparo para un personaje que van a ver diez personas en una obra de teatro que si lo van a ver millones y millones en una plataforma como Netflix.
La base es el trabajo bien hecho: poner tus dones al servicio de Dios. Eso no significa interpretar la vida de los santos o estar hablando de Dios todo el rato en el trabajo. Significa ser puntual, aprenderte bien tus líneas, ser amable con los compañeros y no juzgar al que tienes delante.
Con todo eso vas transmitiendo, no solo a las personas que puedan ver la serie, sino también a tus compañeros. Personalmente, no pienso en una obligación moral de tener que convertir a nadie ni de traspasar de alguna manera esa barrera. Hago mi trabajo con normalidad y ya está.
La fe que sostiene todo
—¿Qué valores intentas que estén presentes en tu vida profesional y personal? —En general, trato de que la fe no sea solo una parte de mi vida, sino que sea la que sostenga todas las demás. Es algo que voy aprendiendo con el tiempo. De alguna manera, creía que mi vocación principal era ser actor, porque empecé muy joven. Pensaba que eso era lo que me iba a hacer feliz, pero me he dado cuenta de que no. Uno se va haciendo pleno y creciendo como persona a través de distintas pequeñas vocaciones que forman su verdadera vocación, aquello a lo que está llamado.
En cuanto a los valores, intento poner en práctica todo lo que Jesús nos ha dicho, nos ha pedido y nos ha enseñado en el Evangelio. Aunque del dicho al hecho hay un trecho, cada día es una lucha. Somos nuestra miseria e intentamos mejorar. Los valores católicos son valores de vida, de alegría, de disfrutar y de estar al servicio de los demás. Ese es el enfoque que me gustaría dar a mi vida.
—¿Crees que el cine y las series reflejan las inquietudes y preocupaciones de los jóvenes, desde las más materiales hasta las más profundas? ¿Cómo ves lo que se produce en España y lo que consumimos en las plataformas? —Creo que hay, como en todos lados, cosas muy buenas y cosas muy malas. A mí no me corresponde juzgarlas, pero sí veo que fenómenos comoThe Chosenestán teniendo, por alguna razón, un éxito brutal y están respondiendo a una necesidad.
También me voy más allá del cine, a la música. Con movimientos como Hakuna ves que se está despertando una inquietud que en realidad siempre ha estado despierta, pero no siempre era accesible. A través de estos vehículos, como las series y canciones de este tipo, creo que la gente está respondiendo y cada vez hay más demanda de ello. Creo que tiene que haber de todo, pero, en general, también hay películas y series muy buenas.
El sagrario desapareció entre dos turnos de catequesis infantiles, en una capilla de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Parla. En su interior había cerca de 30 formas consagradas y una de mayor tamaño, destinada a la adoración nocturna. Nadie vio cómo se lo llevaban. La parroquia denunció los hechos ante la Policía, que investiga el robo.
La proximidad de Halloween, que se celebra el 31 de octubre, ha llevado al párroco, Orlando Mateos, a plantear la posibilidad de que la sustracción esté relacionada con prácticas satánicas. Por el momento, sin embargo, no hay pruebas públicas que permitan confirmar esa hipótesis ni establecer el móvil de los autores.
El caso se suma a una sucesión de episodios similares registrados en España durante 2026. En Galicia, cuatro iglesias sufrieron profanaciones entre agosto y octubre: en algunos casos se sustrajeron copones con formas consagradas y, en otro, las hostias fueron esparcidas por una plaza. También se han registrado casos en Madrid y Barcelona.
¿Han aumentado las profanaciones?
El Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC) ha contabilizado siete profanaciones de sagrarios en España en lo que va de 2026. Su informe correspondiente a 2025 registró nueve.
Esta sucesión de robos ha suscitado preocupación en distintas diócesis. Tras el asalto a la iglesia de San Martiño de Noia, en septiembre, el arzobispo de Santiago de Compostela, Francisco José Prieto, presidió una Misa de reparación y desagravio. En ella invitó a los fieles a responder a lo sucedido con fe, oración y comunión, sin dejarse llevar por el odio ni la venganza.
¿Qué ocurre con las formas consagradas cuando son profanadas?
El Código de Derecho Canónico establece que las hostias consagradas deben custodiarse en un lugar seguro y que quienes cuidan de la iglesia han de guardar con diligencia la llave del sagrario. También dispone que las formas se conserven en un copón y que se renueven con frecuencia, consumiendo debidamente las anteriores.
Cuando se produce una profanación, la respuesta concreta depende de las circunstancias. Si las formas son recuperadas, corresponde a los responsables eclesiásticos actuar con la debida reverencia y conforme a las normas litúrgicas. Si no aparecen, como sucede por ahora en Parla, no cabe dar por supuesto cuál ha sido su destino. La Iglesia contempla asimismo celebraciones de reparación y desagravio cuando se profana la Eucaristía.
Educar con el corazón: León XIV propone una escuela que acoge, acompaña y transforma
La educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos, preparar para un examen o formar profesionales competentes. Educar significa, ante todo, acompañar a cada persona en su crecimiento, reconocer su dignidad y ayudarla a descubrir sus capacidades. Esta es una de las ideas centrales del mensaje educativo del Papa León XIV, quien invita a construir escuelas y universidades donde el conocimiento, la fe, la solidaridad y el cuidado de los demás caminen de la mano.
En su reflexión sobre la pastoral escolar y universitaria, el Pontífice recuerda que muchos jóvenes viven situaciones de soledad, inseguridad, miedo al fracaso y preocupación ante un futuro incierto. Aunque comparten espacios con cientos de compañeros, algunos pueden sentirse invisibles, incomprendidos o incapaces de responder a las expectativas de su entorno. Ante esta realidad, la escuela está llamada a ser mucho más que un lugar de aprendizaje: debe convertirse en un hogar donde cada estudiante se sienta acogido, escuchado y valorado.
Una educación que reconoce a cada persona
León XIV pone el acento en los pequeños gestos que construyen una verdadera comunidad educativa: mirar a los alumnos a los ojos, aprender sus nombres, interesarse por sus dificultades y advertir cuando alguien falta. Estas acciones, aparentemente sencillas, comunican un mensaje profundo: cada persona importa y merece ser acompañada.
En este sentido, educar exige reconocer que cada estudiante tiene su propio ritmo, sus talentos y sus dificultades. El error no debe convertirse en motivo de humillación, sino en una oportunidad para aprender. Frente a una cultura que compara, clasifica y mide constantemente el valor de las personas por sus resultados, el Papa invita a recuperar la confianza, la paciencia y la esperanza. Un educador puede marcar la diferencia cuando cree en un joven incluso antes de que este sea capaz de creer en sí mismo.
Pensar, preguntar y buscar la verdad
Otro aspecto fundamental es el desarrollo del pensamiento crítico. La escuela no debe limitarse a ofrecer respuestas prefabricadas, sino despertar preguntas, estimular la inteligencia y enseñar a discernir. En una sociedad saturada de información, mensajes engañosos y soluciones inmediatas, los jóvenes necesitan aprender a reflexionar, contrastar fuentes y buscar la verdad con responsabilidad.
Para León XIV, la fe y la razón no son realidades opuestas, sino caminos que pueden enriquecerse mutuamente. Una educación integral ayuda a comprender el mundo, a descubrir el sentido de la existencia y a reconocer que el conocimiento debe ponerse al servicio de la humanidad.
Educar el corazón para transformar el mundo
La formación académica, sin embargo, resulta incompleta si no va acompañada de una educación en los valores. La compasión, la gratitud, el respeto, la generosidad y la capacidad de ponerse en el lugar del otro deben ocupar un lugar esencial en la vida escolar. El servicio a las personas necesitadas, el voluntariado y el cuidado de la creación permiten que los alumnos conviertan lo aprendido en acciones concretas.
Desde la perspectiva cristiana, educar el corazón significa enseñar a amar y a servir. No basta con formar estudiantes exitosos; es necesario formar personas solidarias, capaces de comprometerse con el bien común y de trabajar por una sociedad más justa y fraterna.
Una misión compartida
El mensaje de León XIV constituye una invitación dirigida a docentes, familias, responsables educativos y comunidades cristianas. Todos participan, desde su propia responsabilidad, en la tarea de acompañar a las nuevas generaciones. La educación necesita tiempo, diálogo, coherencia y esperanza; requiere adultos dispuestos a escuchar y jóvenes que encuentren espacios para desarrollar sus dones y asumir responsabilidades.
En definitiva, una buena escuela no es solamente aquella en la que se obtienen excelentes resultados, sino aquella en la que nadie queda reducido a una nota, una dificultad o una etiqueta. Educar es ayudar a cada joven a levantarse, descubrir su dignidad y encontrar su lugar en el mundo. Como recuerda el Evangelio en el encuentro con Bartimeo: «¡Ánimo! ¡Levántate, te llama!» (Mc 10, 49).
Ese es el desafío educativo de nuestro tiempo: formar personas con inteligencia para comprender la realidad, con corazón para sentir el sufrimiento ajeno y con voluntad para transformar el mundo. Porque cuando la educación pone a la persona en el centro, no solo cambia la vida de los estudiantes; también comienza a cambiar la sociedad.
León XIV invita a los jóvenes a llevar sus heridas a la JMJ de Seúl
«Lleven a esa peregrinación todo lo que son y todo lo que tienen en su corazón: sus sueños, deseos y esperanzas, así como sus heridas y dificultades». Con estas palabras, el Papa León XIV ha invitado a los jóvenes de todo el mundo a participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Seúl, cuyas inscripciones se abrieron este jueves, 22 de octubre.
En un videomensaje difundido con motivo del inicio del registro, el Pontífice ha recordado que la cita, que tendrá lugar del 3 al 8 de agosto de 2027, es mucho más que una oportunidad para conocer una nueva ciudad. «Es una llamada a emprender una peregrinación de fe, amistad y esperanza», ha señalado.
León XIV ha subrayado que el encuentro permitirá a los jóvenes profundizar en su relación con Dios y conocer a otros cristianos de diferentes lenguas y culturas. «A pesar de esas diferencias, y precisamente gracias a la diversidad que Dios les ha dado, vivirán una unidad aún mayor, porque todos somos miembros del único Cuerpo de Cristo», ha afirmado.
El Papa también ha expresado su deseo de que los participantes creen recuerdos felices y amistades que duren toda la vida. Para concluir, ha recordado que el Señor espera a cada joven en Seúl y desea «reavivar su esperanza y darles la plenitud de la vida y la alegría».
Once modalidades para participar
La organización ha establecido once modalidades de inscripción, con precios que oscilan entre los 70 y los 340 dólares. Todas incluyen el transporte público en Seúl, un seguro y el kit del peregrino. El importe final depende de la duración de la estancia y de si el paquete incorpora alojamiento y comidas.
El registro está planteado principalmente para grupos procedentes de diócesis, parroquias, congregaciones religiosas, movimientos y otras comunidades eclesiales. El responsable de cada grupo debe crear una cuenta y aportar inicialmente información básica sobre la procedencia y el número estimado de participantes. En una segunda fase, se incorporan los datos de los peregrinos, las fechas del viaje y el paquete elegido, antes de efectuar el pago.
Quienes quieran acudir por su cuenta o en grupos pequeños pueden buscar la posibilidad de incorporarse a un grupo organizado por su parroquia o diócesis. La inscripción está disponible en español y otros cinco idiomas oficiales del encuentro.
La de Seúl será la primera JMJ internacional del pontificado de León XIV y la primera que se celebre en Corea del Sur. Su lema, Tengan valor: Yo he vencido al mundo, enlaza con la invitación que san Juan Pablo II dirigió a los jóvenes y que el actual Pontífice ha recuperado en su mensaje: «¡No tengan miedo! ¡Abran de par en par las puertas a Cristo!».
La apertura de las inscripciones coincidió precisamente con la memoria litúrgica de san Juan Pablo II, impulsor de las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Varios obispos católicos rezan por Trump en la Casa Blanca
Varios obispos católicos estadounidenses se reunieron este jueves con Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca y concluyeron el encuentro con una oración por el presidente y el país. La reunión, en la que participó el arzobispo de Denver, James Golka, se produce a menos de dos semanas de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, en las que se renovarán todos los escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado.
Las imágenes del encuentro, difundidas por la Casa Blanca, muestran a Trump sentado junto a su escritorio mientras varios prelados lo rodean durante la oración. Golka, que dirigió la plegaria, pidió la bendición de Dios para el presidente y la nación, e invocó al Espíritu Santo para que protegiera al país de toda influencia maligna.
La asesora de comunicaciones de Trump, Margo Martin, compartió el vídeo en su cuenta de X con el siguiente mensaje: «Arzobispos y obispos católicos rezan con el presidente Trump en el Despacho Oval».
Catholic Archbishops and Bishops pray with President Trump in the Oval Office pic.twitter.com/facV5wTGQQ
Según explicó Jenny Korn, directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, durante la reunión también se trataron asuntos relacionados con la libertad religiosa, la elección de centro educativo, los visados religiosos y las políticas relativas a la vida. La asesora espiritual del presidente, Paula White-Cain, también estuvo presente.
El arzobispo de Denver manifestó después su deseo de que el encuentro favorezca el diálogo sobre la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la dignidad humana y otras cuestiones de interés para la Iglesia. La oración por quienes ejercen responsabilidades públicas forma parte de la tradición católica, aunque su celebración en un espacio institucional y su difusión pública pueden adquirir también una dimensión política.
La Conferencia Episcopal se desmarca de la organización
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) precisó que no organizó la reunión ni estuvo vinculada a ella. «No está afiliada a la Conferencia», señaló su portavoz, Chieko Noguchi, según recoge EWTN News. La aclaración distingue la iniciativa de estos prelados de la posición institucional del episcopado estadounidense.
La relación entre la Iglesia católica y la Administración Trump combina coincidencias en determinadas materias con discrepancias relevantes. Entre los puntos de encuentro figuran algunas iniciativas relacionadas con la libertad religiosa y la protección de la vida. En cambio, las políticas migratorias del Gobierno han provocado críticas por parte de los obispos, que han reclamado un trato digno para los inmigrantes y medidas que eviten la separación de las familias.
El pasado 13 de octubre, la Conferencia Episcopal estadounidense y la Asociación Nacional de Evangélicos publicaron conjuntamente un llamamiento a la compasión y la prudencia en el debate migratorio. El documento advierte del riesgo de que la aplicación indiscriminada de las medidas de control perjudique a familias y comunidades. Además, el presidente de la USCCB, el arzobispo Paul S. Coakley, ha pedido directamente a Trump que tenga en cuenta la situación de los haitianos que están siendo repatriados desde Estados Unidos.
La fe y la política, ante las urnas
El encuentro del Despacho Oval se celebra en un momento de intensa polarización política en Estados Unidos. Las elecciones del 3 de noviembre determinarán la composición del Congreso durante la segunda mitad del mandato de Trump y tendrán consecuencias para la capacidad de su Administración de sacar adelante su agenda legislativa.
La dimensión religiosa de la política estadounidense es especialmente visible en el entorno del presidente republicano, que ha mantenido una relación estrecha con diversos líderes evangélicos. En marzo, otros dirigentes religiosos ya habían rezado con Trump en la Casa Blanca.
No obstante, la participación de los prelados no equivale a un pronunciamiento de la Conferencia Episcopal. De hecho, en su mensaje ante las próximas elecciones, Coakley ha pedido a los católicos que antepongan la fe a la política y evalúen a los candidatos no solo por sus promesas, sino también por sus actuaciones y su contribución al bien común. El arzobispo ha advertido asimismo contra los discursos que alimentan el miedo, el resentimiento y la división.
Gonzalo Fanjul: «Los migrantes deben ser incorporados a un contrato social revisado»
—Contra las fronteras se presentó en el IX Congreso de Periodismo de Migraciones que organizó porCausa la semana pasada. El título es provocativo. —Parece una propuesta de fronteras abiertas y no es el caso. Es un alegato político y ético que habla de alternativas, donde se plantea el objetivo de llegar a un acuerdo que resulte atractivo para una parte importante de la sociedad.
—¿Por qué afirma que el actual modelo migratorio ha fracasado? —Este régimen está concebido de manera casi patológica para detener las migraciones a toda costa. Está construido sobre la idea de la movilidad como un problema. Esto es inmoral porque se establece una suerte de histeria colectiva que deriva en un estado de excepción que justifica todo tipo de trapacerías, incluso rompiendo las propias reglas de los Estados. Y está abocado al fracaso porque es insensato a nivel económico y demográfico. Necesitamos la movilidad humana más que nunca. Prácticamente en todos los sectores es necesaria una mano de obra que no está disponible. Es un sistema que no solo provoca daño al otro, sino que se lo hace a sí mismo.
—¿Lo que propone es una enmienda a la totalidad? —Sí y no. Lo primero es no dar un paso atrás donde ya habíamos conseguido avanzar: si tenemos una Convención Internacional de Asilo y Refugio que había funcionado, no la torpedeemos. Se está deteriorando el sistema de reglas que hemos construido con mucho esfuerzo. Hay que establecer un cortafuegos entre las políticas de gestión migratoria y las políticas de protección internacional y derechos humanos. Existe una vinculación directa entre los excesos en política migratoria y el deterioro de nuestros derechos.
—La mayor parte de la movilidad la componen los migrantes, no los refugiados. ¿Cómo abordarla? —Es fundamental una racionalización de los mercados de trabajo. Necesitamos vías legales, seguras y ordenadas. El orden es fundamental para que el sistema funcione y trasladar que está bajo control, que es lo que preocupa a la mayoría y deriva en la elección de partidos populistas. Luego hay una parte que es instrumental a las otras dos: si este sistema roto es reemplazado por la pura importación de mano de obra barata pero no garantizamos que los beneficios se repartan de manera justa; si no hay una migración con derechos y que a la vez contribuya a fortalecer los derechos de los demás, estaremos incrementando bolsas de desigualdad, que son las que generan frustración.
Los desafíos de la vivienda, de la educación y la salud pública, lo son para el conjunto de la sociedad. Cuando el alcalde de Nueva York, Mamdani, habla de asequibilidad del nivel de vida, no distingue entre migrantes y no migrantes. Necesitamos plantear una conversación totalmente diferente. Hay que reformar el contrato social.
Foto cedida por Gonzalo Fanjul.
—Esa idea ya se planteó al Papa León XIV en el encuentro Tejer Redes. ¿Por qué es una idea recurrente? —Hasta ahora hemos funcionado sobre unos presupuestos que reflejaban la sociedad que éramos. Pero ahora tenemos una parte de la misma que viene de fuera y que debe ser incorporada no solo al mercado de trabajo formal sino también —con los mismos derechos— a un contrato social revisado porque hay actores nuevos. Esta idea es fundamental porque rompe la otredad: el migrante no es el diferente, se vea como amenaza o como víctima. Es alguien que se incorpora a nuestra sociedad.
Como dijo el Papa, «el que está en Madrid, es de Madrid». Si estoy, pertenezco con derechos y responsabilidades. Tienes que reconocerme como interlocutor y tenemos que reconstruir juntos ese contrato que va a hacer a nuestras sociedades prósperas y seguras. Y eso no solo nos va a beneficiar a quienes vivimos aquí: la buena movilidad laboral es de los mejores mecanismos de lucha contra la pobreza.
—Una propuesta amplísima. ¿Cómo se iría implementando? —En el ámbito político, hablo del problema que tienen la derecha y la izquierda. Parte de la izquierda está contribuyendo a algunas de las peores políticas migratorias porque ha comprado el marco narrativo y se ha dedicado a trasladar la idea de que puede ser tan dura como la derecha. Frente a esto planteo las coaliciones improbables. Lo hemos visto con las 900 organizaciones, desde la CEE hasta el Soviet de Getafe, que han promovido la regularización en España.
—¿Alianzas para qué medidas concretas? —Más que por grandes planes, apuesto por muchos ejemplos de cómo construir poco a poco. Un caso muy concreto es el Programa de Triple Beneficio de Alemania. Tienen necesidad de 150.000 enfermeras y han establecido un acuerdo con varios países de origen: el sistema sanitario alemán financia allí su formación según estándares alemanes para que lleguen de forma segura y ordenada. Además, por cada una se forma a otras dos para quedarse y fortalecer sus propios sistemas sanitarios. Y esto traslada la idea de que es un modelo completamente controlado por las autoridades. España tiene el visado de búsqueda de empleo o el Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura. Y el PP en el pasado ha hecho propuestas razonables. Son herramientas que están en manos de los Estados en la medida que queramos usarlas.
—La cuestión es que se quiera. —Solo es posible si tienes un contexto narrativo que te permite avanzar sin miedo a perder las próximas elecciones. La cuestión narrativa es el pecado original del sistema. Operamos en un entorno tan tóxico que necesitamos propuestas narrativas eficaces que reduzcan el miedo y transmitan que el orden es posible por otra vía, adecuando el sistema a los incentivos que lo pondrían bajo control.
«Los pobres son el rostro de Dios» pero necesitan soluciones
«Las personas sin hogar tienen una práctica religiosa mayor que la población general porque, en situación de vulnerabilidad, la dimensión espiritual muchas veces se intensifica», nos explica Sebastián Mora. Es profesor en la Universidad Pontificia Comillas y miembro de la Cátedra José María Martín Patino de la Cultura del Encuentro. La semana pasada participó en la basílica de Jesús de Medinaceli en la II Jornada Educar la Mirada, organizada por la Delegación de Pastoral para la Zona Centro de Madrid y en la que se desgranó el informe Ante la diversidad religiosa en el sinhogarismo elaborado por la Red FACIAM.
Mora detalla que «la dimensión religiosa tiene características ambivalentes» en las personas sin hogar, quienes no son un monolito. En algunas aporta «un factor importante de resiliencia, sentido y motivación para salir adelante de las situaciones duras», pero en otras puede jugar «una función de control social por la que ellas mismas se dicen: “Estoy en la calle porque Dios me ha castigado”». Pide, por tanto, no dejarlas solas para que la fe les ayude a «la libertad y el crecimiento» en vez de «al control y el estancamiento».
La fe puede tanto levantar a estar personas como hacerlas sentirse castigadas. Foto: Catholic Review / Kevin J. Parks.
Otro rasgo distintivo de la religiosidad en este colectivo, según el sociólogo, es que «tiene una carga importante de relacionalidad y vinculación a las comunidades». Por tanto, a las personas sin hogar puede hacerles mucho bien el «compartir sus experiencias con otros» y permitirles «encontrar espacios» donde deshacer la «ruptura de relaciones».
Sebastián Mora explica que el estudio de FACIAM también analiza la religiosidad de personas «de confesiones minoritarias» como evangélicos, mormones, musulmanes y bahá’í. Todas ellas «tienen entidades de ayuda social análogas a Cáritas», detalla el sociólogo, y que deben ir más allá de las meras urgencias más materiales. «Los católicos siempre decimos que “no solo de pan vive el hombre pero al final montamos una panadería”», ironiza el profesor de Comillas, quien llama a acompañar a estas personas con espacios de participación real. Y advierte sobre el peligro de limitarse a una actitud «contemplativa» hacia quienes sufren exclusión. «Los pobres son el verdadero rostro de Dios y son sujetos sacramentales de su presencia», pero el motor para ayudarlos no es «buscar nuestra perfección ni engrandecernos en ellos» sino, basándose en la Encarnación de Cristo, «liberarlos de una situación de vulnerabilidad». «La opción cristiana no es evasiva, nos compromete a la realidad y de ahí surge la trascendencia», reivindica.
Rezar también es un derecho
Javier Hernando, ex secretario general de Cáritas Madrid y ahora voluntario, también participó en esta II Jornada Educar la Mirada. Destaca la curiosidad de que, cuando se celebró su primera edición —seis meses antes de que el Papa visitara España— ya se eligió este nombre tan en línea con el lema del viaje. Y que establece un paralelismo con «graduarnos las vista para llegar a ver a las personas y sus situaciones para poder acompañarlas».
Como conclusión del encuentro, Hernando destaca la pregunta que se llevó a casa sobre si realmente «vemos a Dios en las personas sin hogar». «Muchas veces decimos que vamos a evangelizar a los que nos rodean, pero también ellos nos evangelizan», recalca el voluntario, quien insiste en que los vulnerables «nos están presentando un rostro de Dios» y que «la evangelización es una relación de manera mutua y horizontal». Con esa lógica, parafrasea al Papa Francisco, quien acostumbraba a regalar a los líderes una estatuilla de san Martín de Tours cortándose la capa para dársela a un mendigo e insistía en que «el único momento en que es lícito mirar a una persona de arriba a abajo es para ayudarla a levantarse».
Cáritas no los olvida
Cáritas lanzó este miércoles su campaña para personas sin hogar de este 2026 bajo el lema Un hogar. Un lugar al que pertenecer. Es una fecha que, deliberadamente, suele coincidir con la consolidación del otoño y la drástica bajada de temperaturas. Aparte del tradicional desayuno informativo en el que varias personas sin hogar cuentan en primera persona su recorrido vital y cómo acabaron en situación de calle, el arranque de esta campaña también incluye este jueves una marcha reivindicativa desde la Gran Vía madrileña hasta el Teatro Real, donde se leerá un manifiesto, se interpretarán actuaciones musicales y se desplegará una exposición reivindicativa.
Por último, Hernando señala que, dentro de un Estado aconfesional y en una cultura que concibe a menudo lo religioso como algo ajeno, «desde las administraciones se contempla poco la trascendencia como algo importante», pero es un derecho que también hay que ayudar a facilitar. «Recuerdo una reunión con partidos y entidades sociales donde hablamos mucho de indicadores de calidad de vida, como acceso a una dieta con proteínas. Eso está muy bien, ¿pero cuándo vamos a hablar de los indicadores de calidez?», reclama el ex secretario general, quien lamenta que «la dimensión religiosa muchas veces queda relegada a un rinconcillo». Entre las medidas más fáciles de implementar propone, por ejemplo, que los alojamientos de emergencia cuenten con un sencillo oratorio.
Venite ad me cuenta cómo estos ateos se convirtieron en la Comunión de su hijo o la boda de un amigo
La muerte de una madre, una infancia marcada por el alcoholismo de un padre o el vacío de una vida aparentemente ordenada. Son algunas de las circunstancias que han llevado a distintas personas a redescubrir su fe, según los testimonios recogidos por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en Venite ad me, el documento publicado este jueves con Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el actual cambio de época.
Uno de los relatos procede de Chile y lo protagoniza un hombre que llegó a declararse ateo. Durante cinco años, la muerte de su madre le provocó «un dolor inconsolable». Su regreso a la fe comenzó acompañando a su hija menor en la catequesis. «A través de la Eucaristía, tuve un encuentro —o más bien, un reencuentro— personal con Jesucristo», explica. «Él tomó mi dolor, secó mis lágrimas por mi madre y me entregó una paz que el mundo no puede dar».
«Fui a ver a mi padre y le pedí perdón»
Desde Eslovaquia, una madre de cuatro hijos cuenta cómo consiguió reconciliarse con su padre alcohólico, que durante su infancia destrozaba muebles, profería insultos y obligaba a la familia a huir de casa. A través de una comunidad cristiana comprendió que debía dejar atrás el rencor. «Fui a ver a mi padre y le pedí perdón», relata. Aunque él apenas comprendió sus palabras, ella encontró la paz y su relación mejoró. Su padre murió reconciliado con ella y con su madre, después de confesarse. Hoy transmite la fe a sus hijos mediante su propia experiencia, «no como moralismo».
El perdón es posible hasta para padres alcohólicos y violentos. Foto: Europa Press
El matrimonio aparece también como una puerta de entrada a la Iglesia. Un estadounidense comenzó a explorar el catolicismo para comprender el deseo de su novia de celebrar una boda religiosa. Allí encontró «una comunidad acogedora» y personas que le enseñaron «el valor no sólo de tener fe, sino de vivirla». Espera recibir el bautismo y la confirmación en la Vigilia Pascual. En Japón, otro hombre se acercó a la Iglesia por su esposa y acabó bautizándose tras preguntarse qué quería transmitir a su hijo. La comunidad parroquial y la serenidad de la liturgia despertaron su interés por la fe.
La fe es más que «el cumplimiento de deberes»
En Angola, un joven indiferente a la religión comenzó a cuestionarse su postura después de que un sacerdote le hiciera ver sus contradicciones respecto al matrimonio católico. Aquella conversación incómoda despertó su curiosidad: empezó la catequesis, recibió el bautismo, se casó por la Iglesia y terminó participando activamente en la vida parroquial.
Las bodas de amistades son otra oportunidad para reencontrarse con la fe. Foto: OSV News/Jon L. Hendricks
Otros testimonios describen el redescubrimiento de una fe que parecía muerta. Una mujer polaca reconoce que sus prácticas religiosas se habían convertido en «el cumplimiento de ciertos deberes», hasta que un retiro le permitió conocer «a un Dios que ama gratuitamente». Tras aquella experiencia, afirma, su fe «dejó de ser un complemento de la vida para convertirse en el único sentido de mi existencia».
«Me pregunto qué puedo yo dar a Dios»
Una estudiante francesa, hija de un padre libanés chiita que se hizo ateo y de una madre católica no practicante, encontró en la Biblia y en la catedral de Chartres sus primeros referentes espirituales. Años después, durante una etapa de soledad, experimentó una presencia de Dios que transformó su vida. Tras sufrir agotamiento laboral en 2019, emprendió un camino de sanación y decidió cambiar radicalmente de vida. Ahora desea recibir los sacramentos de iniciación cristiana para sellar su alianza con Cristo.
Fachada exterior de la catedral de Chartres. Foto: Google
Desde Jamaica, una catequista que había dejado de rezar durante una crisis personal explica cómo recuperó su confianza en los sacramentos y, especialmente, en la Eucaristía. Aunque sus dificultades no han desaparecido, sí ha cambiado su manera de rezar: «El objetivo de mis oraciones ya no es lo que Dios puede darme a mí. En cambio, me pregunto qué puedo yo dar a Dios».
El documento ha contado con la participación de numerosas conferencias episcopales de todo el mundo, del Dicasterio para la Evangelización, así como con distintos especialistas en la materia.
Se trata, por tanto, de un trabajo coral en el que Alfa y Omega ha estado presente de alguna forma. Un reportaje de nuestra publicación aparece referenciado en la nota a pie de página número 119.
El documento Vaticano, en esa parte, está hablando de la «importancia de la piedad popular». Concretamente, afirma que «es útil recordar el poder de atracción que ejercen entre las nuevas generaciones las peregrinaciones de antigua y reciente creación, así como el deseo de pertenecer a alguna cofradía, como está ocurriendo recientemente en España[119]».
La nota al pie 119 remite al siguiente texto: «Se trata de un fenómeno que, desde hace algunos años, registra una participación cada vez mayor de los jóvenes en las cofradías religiosas o en grupos juveniles vinculados al mundo católico. Además de la participación en la vida de las propias cofradías, que culmina, a nivel público, en las tradicionales procesiones con motivo de las principales solemnidades, cabe destacar también las concentraciones nacionales que registran una presencia cada vez mayor de participantes, tal y como ya se señaló en 2016 en la revista digital de la Archidiócesis de Madrid: cf. https://alfayomega.es/las-cofradias-se-han-convertido-en-puerta-de-entrada-a-la-iglesia-para-muchos-jovenes/».
El enlace destacado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe enlaza a un reportaje elaborado por Fran Otero, que entonces ejercía como redactor jefe de Alfa y Omega. En él se habla de cómo las cofradías se han convertido en puerta de entrada a la Iglesia para muchos jóvenes.
Concretamente, el reportaje está centrado en el IV Encuentro Nacional de Jóvenes de Hermandades y Cofradías, que en ese momento se acababa de celebrar en Palencia con la asistencia de más de 1.000 jóvenes.
Pantallazo del documento de Doctrina de la Fe donde aparece referenciado Alfa y Omega.
La droga, la soledad y la cárcel no impidieron a estos protagonistas de Venite ad me encontrar a Dios
Un pandillero colombiano que acabó viviendo en la calle, otro joven belga que encontró una oración mientras navegaba por TikTok y un capellán canadiense que acompaña a presos en su búsqueda de un nuevo comienzo. Son tres de los testimonios recogidos por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe al final de Venite ad me, un documento subtitulado como Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el actual cambio de época.
El texto, que omite los nombres por razones de confidencialidad, destaca que «en muchos casos no se narran grandes hazañas ni acontecimientos prodigiosos, sino simples sucesos en los que se manifiesta la acción de la gracia en la trama de la vida cotidiana».
«Ma, yo quiero cambiar»
El primer relato es el de un colombiano que comenzó a consumir drogas a los 13 años y se adentró en un mundo de peleas, armas, extorsiones, robos y tráfico de sustancias. «Yo le decía a mi mamá: “Ma, yo quiero cambiar”», recuerda este chico, quien en un principio creía que podría cambiar de vida por sus propios medios pero acabó reconociendo que «sí necesitaba ayuda». «Mi orgullo, mi soberbia, y todo no me lo permitían», confiesa.
Los jóvenes también se acercan a la oración a través de virales de internet. Foto: OSV News/Paul Jeffrey
Su familia lo puso en contacto con un centro de rehabilitación gestionado por una fundación cristiana. Allí, explica, «lo que se vive es la oración: el Santo Rosario, la lectio divina, la Santa Eucaristía». Tras iniciar su conversión, pasó dos años y medio como misionero y después trabajó acompañando a otros jóvenes. Ahora tiene empleo y participa en una comunidad dedicada a la oración y la evangelización. «Dios ha transformado mi vida, mi corazón y me ha hecho un hombre nuevo», afirma.
Encontrar a Dios «fue como una descarga eléctrica»
El segundo testimonio procede de Bélgica. A los 17 años, un joven quería bautizarse, pero no sabía dónde acudir. Después de sufrir desengaños amorosos y una adicción al alcohol, encontró una oración en TikTok. «Fue como una descarga eléctrica y un consuelo», cuenta. Y añade: «No se trata de una reflexión intelectual, sino de un encuentro personal en el que Jesús me habló».
En la cárcel se presenta «la imagen de un Dios que perdona y levanta». Foto: OSV/Vatican Media
El tercer relato llega de un capellán de prisiones canadiense que describe la petición del bautismo como «la búsqueda de un nuevo comienzo, es más, de la redención». En su experiencia, «la conversión no brota únicamente a partir de un contenido doctrinal, sino también a partir de una relación de confianza y de escucha». En un entorno marcado por la culpa, concluye, resulta decisivo el encuentro con «la imagen de un Dios que perdona y levanta».
Doctrina de la Fe pide huir de una «fría exposición de conceptos» en la evangelización y llama a «tocar corazones»
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado este jueves 22 de octubre el documento Venite ad me, en el que el cardenal Víctor Manuel Fernández ahonda en distintas consideraciones sobre la transmisión de la fe ante el cambio de época.
El documento se detiene, en primer lugar, en explicar el título, que está sacado del capítulo 11 del Evangelio de Mateo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». Es decir, «el Señor se presente a sí mismo como fuente de alivio profundo frente a los cansancios y las fatigas del corazón humano». Desde esta perspectiva, «la transmisión de la fe se presenta como un encuentro, en el que Cristo se acerca a cada persona en la realidad concreta de su vida, dándole esa paz verdadera que solo en Él es posible encontrar».
Esta es, precisamente «la fe de la Iglesia» que «todo creyente está llamado a difundir»: que «Jesús es la luz verdadera del mundo y quien cree en Él, el Resucitado vivo, vence las tinieblas de la muerte y vive gracias a la luz de la vida».
Jesús y la samaritana en el pozo (1640). Museo Thyssen-Bornemisza. Foto: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.
El ejemplo de Jesús
En su primer capítulo, Venite ad me se fija en el ejemplo de Jesús. ¿Cómo transmitió la fe el mismo Cristo? El documento parte de la premisa de que «no existe ningún espacio humano marcado por el fracaso o el pecado que no pueda ser reintegrado a su destino original». Es más, Jesús «da testimonio concreto» del amor de Dios «mediante una predilección especial por todos aquellos que ya casi no esperan nada de nadie».
Todos ellos, «debido a su situación de sufrimiento, provocada por enfermedades incurables o por trágicos reveses del destino, suelen ser considerados “los últimos” de la sociedad». Sin embargo, «son precisamente ellos quienes se convierten en “los primeros” en el corazón del Señor Jesús». Son ellos «quienes, más que a ningún otro, Jesús invita a acercarse a la luz que ilumina a cada hombre y a cada mujer, es decir, a la luz del amor del Padre».
Pero la invitación no se produce con grandes disquisiciones teológicas, sino que prima la sencillez. «En su predicación son numerosas las referencias a la vida cotidiana de la gente, al reino de los animales y al muno de los árboles, las plantas y las flores, al igual que abundan las referencias a los oficios de su época, a la preparación de la comida y a los juegos de los niños».
Laura y Álex leen el libro en casa junto a sus cuatro hijos vivos. Foto cedida por la familia Arenas Bayona.
Cara a cara
Del paso terrenal de Cristo también se sobrentiende que la fe, por un lado, «se transmite de persona a persona», como hizo el mismo Jesús cuando se encontró, por ejemplo, con la samaritana del Evangelio, pero por otro lado hay una dimensión comunitaria. De hecho, «Cristo confió a los apóstoles la tarea de anunciar el Evangelio a todos los pueblos»; una misión que «continúa en la historia a través de la Iglesia».
La Iglesia es, así, «el sujeto histórico y vivo en el que el Evangelio se escucha, se custodia, se celebra y se actualiza continuamente bajo la acción del Espíritu Santo», puntualiza Venite ad me. Por esta razón, «la fe no se transmite, en primer lugar, como un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial en la que el creyente se va introduciendo progresivamente».
La importancia de la familia
Dentro de ese lenguaje sencillo y cotidiano al que se aludía anteriormente, la familia tiene un papel preeminente, hasta el punto de que «constituye el primer y más esencia lugar de transmisión de la fe», se lee en el punto 31. Concretamente, «los padres son los primeros catequistas», recoge el documento parafraseando al Papa León XIV. Pero no porque literalmente impartan una catequesis a sus hijos. No, la fe dentro de las familias «se materializa en un entramado de gestos sencillos y cotidianos: la oración personal y en pareja, la participación en la Misa dominical, la atención a los más pobres o también a través de la oración de acción de gracias antes de las comidas o con la devota preparación del belén con motivo de las fiestas navideñas».
Aunque todo ello viene después del bautismo, donde «la comunidad y la familia se sienten unidas en la responsabilidad común de introducir a los más pequeños en el encuentro con el Señor Jesús». Y añade: «Se trata de la conciencia de que, si los niños reciben la vida de sus padres, en el bautismo obtienen el sentido para vivirla: la fe».
Solo en una segunda etapa, advierte el documento, «la comunidad eclesial entra en el proceso de transmisión de la fe». Así, «lo que una persona ha recibido de sus padres encuentra en la Iglesia los instrumentos y las ocasiones para que se convierta en el principio fundamental de su forma de ver el mundo».
En este sentido, el documento habla de la catequesis, de la celebración de los sacramentos, del compromiso con los más desfavorecidos o del encuentro en la casa del Señor los domingos.
Cambio de época y crisis de fe
Este modelo tradicional de transmisión de la fe se ha visto desestabilizado por un cambio de época —en el que influyen factores como el materialismo, el individualismo, la inteligencia artificial o el populismo y la polarización— que ha provocado el crecimiento, por un lado de «personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo» y, por otro, personas que ni siquiera «conocen a Jesús ni el Evangelio».
Por ello, «la transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos y que se supere una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes».
En este contexto, que en el texto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe está descrito con profusión, es preciso «superar una adhesión al cristianismo basada en la mera inercia de la pertenencia social, para que se convierta en una elección personal y consciente, capaz de orientar las propias decisiones de vida».
Para ello, es necesario «replantearse el modo mismo de anunciar el Evangelio, dando prioridad a las formas narrativas frente a la mera transmisión de conceptos abstractos». En este sentido, el documento asegura que «las comunidades cristianas están llamadas a buscar modos sanos de presentar el Evangelio como una respuesta eficaz incluso a las necesidades más tangibles, siguiendo el ejemplo de Jesús, que recorría la tierra de Israel “haciendo el bien y curando a todos” , demostrando así que sabía responder no sólo a las preguntas últimas, sino también a las penúltimas».
Los menores recibirán avisos de uso excesivo de las redes sociales. Foto: OSV News / Hollie Adams, Reuters.
El núcleo del documento y de la transmisión de la fe
En el capítulo cuarto se encuentra el núcleo del documento y de la transmisión de la fe. En él anima a «recomenzar una gran etapa de anuncio del Evangelio», en la que «el primer anuncio, o kerygma —Jesucristo, que está vivo, te ama y ha dado su vida para salvarte—, debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial».
Se trata de un anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras», que «siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos». Pero hay que hacerlo, afirma Venite ad me, «de tal manera que provoque una experiencia de fe, capaz de iniciar un proceso de formación de la propia identidad cristiana». Es decir, ha de «tocar realmente el corazón de quienes lo reciben».
Para tocar corazones, el documento llama a revisar «las formas actuales de organizar la catequesis, para que la transmisión de la fe no quede confinada a lenguajes que puedan calificarse de “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas». Es una tarea que «resulta más urgente que nunca». De hecho, «con demasiada frecuencia, una comunicación repetitiva y autorreferencial del mensaje evangélico corre el riesgo de no llegar al corazón de los fieles. Por eso, el lenguaje de la fe no debe limitarse a una fría exposición de conceptos; sin duda debe poseer esa claridad que facilita la comprensión, pero sobre todo debe caracterizarse como una llamada del corazón».
El grupo scout es uno de los más numerosos de España. Foto: Nuestra Señora Reina del Cielo.
Grupos de oración
Asimismo, Doctrina de la Fe insta a cuidar la vida comunitaria. «En un mundo cada vez más fragmentado, en el que los únicos vínculos entre los seres humanos que parecen tener cabida son los mediados por las infraestructuras digitales, resulta cada vez más evidente en muchas personas una necesidad y un deseo de pertenencia».
De esta forma, «resulta absolutamente urgente, sobre todo en los países de antigua evangelización, insistir en la importancia de promover, en cada comunidad eclesial, grupos de escucha, de meditación, de compartir y de oración de la Palabra, en cuya convocatoria se dediquen momentos específicos y fijos, que complementen la celebración de la Eucaristía dominical».
Todas estas ocasiones son un lugar privilegiado para la transmisión de la fe, que, como se decía con anterioridad, se produce principalmente de persona a persona. «La amistad, de hecho, constituye un espacio privilegiado en el que el testimonio personal, la ayuda mutua y el compartir las alegrías y las dificultades de la vida hacen posible un intercambio de fe capaz de abarcar toda la existencia».
Junto con la centralidad del kerygma, Venite ad me destaca la Liturgia, que «ocupa un papel central en la transmisión de la fe». Y añade: «Precisamente a través de su fuerza simbólica y de su capacidad para involucrar íntegramente a la persona, la liturgia se convierte en un auténtico lugar de anuncio y de encuentro con el Señor».
Triple dimensión del testimonio
El documento, que consta de 60 páginas, dedica una de sus últimas partes a abordar el papel del testimonio desde varias aristas. Por un lado, habla del testimonio de santidad, porque «quienquiera que se haya encontrado con el testimonio de un cristiano ejemplar se ha visto siempre estimulado a descubrir el secreto de esa vida tan particular y diferente respecto a la mayoría de sus semejantes»; el testimonio de la cercanía, que es «una cercanía construida con los ladrillos de la hospitalidad, la amabilidad, la escucha, la mansedumbre y la ternura»; y, por último, el testimonio de la opción preferencial por los pobres: «Los creyentes no deberían olvidar nunca la fuerte conexión que xite entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres».
Por otro lado, invita a «dar cabida en el discurso sobre la transmisión de la fe a las múltiples expresiones de la creatividad humana —obras de literatura, poesía, música…—». Esta última, por ejemplo, como aseguró en su momento el Papa León XIV, «es capaz de transmitir sentimientos, emociones, hasta los movimientos más profundos del alma, elevándolos, transformándolos en una escalera ideal que conecta la tierra y el cielo».
La archicofradía la componen 5.000 hermanos. Foto: Jesús de Medinaceli.
Atenciones específicas
Por último, el equipo del cardenal Víctor Manuel Fernández —que ha contado con un amplio grupo de colaboradores para desarrollar el texto— abre «el horizonte de la reflexión sobre la transmisión de la fe», que «está llamada a inspirar, a impregnar toda cultura». Es lo que se conoce cómo inculturación de la fe.
De esta forma, cobra una cierta relevancia la «importancia de la piedad popular», que «puede resultar sin duda muy valiosa». Por eso, «estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada». Así, «resulta urgente preguntarse cómo aprovechar al máximo estas preguntas y estas necesidades de nuestros contemporáneos más jóvenes para convertirlas en un canal a través del cual la luz de Cristo pueda inundar sus existencias, a menudo atribuladas».
Unas últimas cuestiones por las que el documento pasa más deprisa son el tema de las homilías, el voluntariado, la presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales, los grandes eventos —musicales y de otra índole—, el estudio de la historia, la realidad educativa y la unidad de los cristianos.
A modo de conclusión, después de incluir algunos testimonios, Venite ad me recuerda, «con fuerza, que Cristo es la luz verdadera. Él ilumina porque libera de las tinieblas e introduce en la plenitud de la vida, cumplimiento de la acogida del amor incondicional de Dios en nuestro corazón». Y añade: «A nosotros, los creyentes, ya se nos ha concedido el don de encontrar la luz y de dejar que nuestra vida sea iluminada por la «luz verdadera» del mundo. Ahora nos toca a nosotros transmitir ese mismo don a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que quizá, aunque no siempre de modo consciente, también esperan poder encender su existencia con esa misma fuente de toda gracia, luz que resplandece en el mundo».
Uno de cada cuatro españoles no quiere vivienda pública cerca: «Hay muchas formas de aporofobia»
La mitad de la población de España (el 50 %) considera que los pobres son dependientes de las ayudas y una de cada diez personas (10 %) cree que están en esta situación a causa de sus características individuales. Además, casi una de cada cuatro (el 23 %) afirma que le incomodaría tener un bloque de vivienda pública en su vecindario.
Son datos «que nos remueven», asegura a Alfa y Omega Pilar Muro Sans, coordinadora de Investigación de AporoLAB, el Observatorio de la Pobreza, que ha presentado este jueves la primera encuesta nacional sobre aporofobia realizada en España. Ha sido en el marco de la 4ª Conferencia Internacional sobre Aporofobia, organizada por IQS junto a una alianza de instituciones de la Universidad Ramon Llull. Se trata de un estudio pionero que aportará datos empíricos sobre las actitudes y percepciones de rechazo social hacia la pobreza en nuestro país.
Uno de los datos más sorprendentes es que hay 3,5 veces más jóvenes de 18 a 24 años que mayores de 65 que consideran a las personas pobres como inferiores moralmente o vinculadas a adicciones. «La percepción del joven hacia quien está en situación de vulnerabilidad es muy negativa».
Estas creencias y actitudes negativas también se dan con más frecuencia entre personas con estudios primarios en comparación con las que han llegado a niveles superiores, que «entienden que hay muchísimos más factores que pueden influir» más allá de la responsabilidad de cada uno. Y entre personas de derechas que entre las de izquierdas. En cuanto al sexo, «las mujeres expresan en general más empatía o apoyo» que los hombres, que «se muestran un poco más de acuerdo con medidas como impedir a los pobres la entrada en un bar», enumera Muro.
Por otro lado, un 70,9 % de los encuestados atribuye la responsabilidad de que exista pobreza a otros, sin incluirse ellos mismos. Y un 60 % de la población considera que la mejor estrategia para resolverla es crear más empleo. Muro ha explicado a Alfa y Omega por qué esta investigación es relevante y qué esperan conseguir con ella desde el Observatorio de la Aporofobia.
Pilar Muro es una de las responsables de esta investigación. Foto: IQS.
—Sobre la aporofobia en España tenemos datos estadísticos dentro de los delitos de odio, pero ¿había algún informe similar a este, aunque fuera parcialmente? —Este estudio es novedoso por dos razones. Una es que por primera vez preguntamos en todas las comunidades autónomas de España. La muestra, de 6.000 personas, es representativa de toda la población nacional. En segundo lugar, como bien dice tenemos datos de los que han sido las víctimas de esos hechos aporofóbicos. La innovación sería que estamos preguntando a personas de la calle cuál es la percepción acerca de las personas que ellos identifican como pobres y todas las creencias que puede haber detrás.
Las entrevistas se han hecho online con una empresa que ha controlado la representatividad. Por eso creemos que en este caso la gente se ha atrevido a decir cosas mientras que a lo mejor en el cara a cara falsearía la imagen que da de sí misma.
—¿Qué pretendían desde el Observatorio de la Aporofobia con esta investigación? —El objetivo era ofrecer datos objetivos de cuál es el malestar que puede haber acerca de esta convivencia con las personas que están en una situación de vulnerabilidad como la pobreza. Hasta ahora se hablaba mucho desde una perspectiva de las personas que viven en la calle. Pero nosotros, basándonos mucho en el concepto tal como lo acuña Adela Cortina, consideramos que es mucho más: el rechazo hacia aquellas personas que percibo que no aportan, que se aprovechan. Es una mirada que se amplía mucho más, por ejemplo a que si veo una persona que no trabaja puedo tener la percepción de que no hace nada o de que se merece estar así.
Institucionalmente existen asimismo conductas aporofóbicas, de forma que incluso cuando solicitan algún tipo de ayuda sufren la sospecha sobre si realmente es para ellos o por qué la necesitan. Eso también es aporofobia. Hay familias monomarentales que no pueden tener acceso a una escuela para sus niños pequeños porque no están reguladas o que no tienen un trabajo fijo porque nadie se hace cargo de la criatura.
Hemos preguntado por cosas como si diría que no se dejara a una persona pobre entrar en un bar o si se piensa que abusan del sistema, que son una carga o que son dependientes.
Adela Cortina acuñó el término aporofobia. Foto cedida por Adela Cortina.
—¿Puede ser una vía alternativa para diagnosticar este problema compensando el de la infradenuncia de los ataques a personas sin hogar? —Yo creo que sí que suma. Abrir este estudio a que la aporofobia es mucho más nos hace pensar que hay muchas otras formas de ser aporófobo además de tener una conducta agresiva con una persona de la calle. Consideramos que abrir esta mirada va a permitirnos avanzar en el conocimiento de la aporofobia.
—¿Qué pretenden hacer ahora con estos datos? —Aún no nos atrevemos a interpretarlos porque puede haber muchas variables. Algo muy interesante que pretendemos es repetir esta misma encuesta cada año, lo que nos va a dejar datos a nivel longitudinal. Tampoco hemos hecho aún propuestas para combatir la aporofobia porque supondría hacer inferencias de los datos. Sí que el objetivo es ir en esa dirección: no pretendemos solo ofrecer datos estadísticos sino que haya cambios en políticas públicas, en sensibilización. Que chavales tan jóvenes tengan esas actitudes nos hace pensar que hay que hacer bastante trabajo en esa línea.
Colaboramos con entidades sociales con las que podríamos trabajar en líneas de sensibilización, en acciones concretas y en políticas públicas. No somos académicos separados de la realidad. De hecho, al congreso ha venido un representante del Ministerio de Interior. Es un congreso que lo que pretende también es una mirada totalmente transversal y horizontal que tenga impacto a todos los niveles.
El Tribunal Penal Internacional recibe el Premio Sájarov 2026 del Parlamento Europeo
El Parlamento Europeo ha concedido el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2026 a la Corte Penal Internacional (CPI) y a sus miembros. El galardón, que reconoce la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales, llega en un momento de tensión entre el tribunal y la Administración estadounidense de Donald Trump, que ha impuesto sanciones contra la institución.
La decisión ha sido adoptada por la Conferencia de Presidentes de la Eurocámara, integrada por su presidenta, Roberta Metsola, y los líderes de los grupos políticos. La ceremonia de entrega tendrá lugar el próximo 16 de diciembre en Estrasburgo (Francia), durante el último pleno del Parlamento Europeo de este año.
Un reconocimiento en medio de las sanciones estadounidenses
La concesión del premio coincide con las medidas adoptadas por Washington contra la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya (Países Bajos). El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció el pasado 9 de octubre sanciones contra el tribunal, al que la Administración Trump acusa de actuar de manera «corrupta» y «politizada».
Las medidas se enmarcan en la respuesta estadounidense a las investigaciones de la CPI sobre presuntos crímenes internacionales en Gaza, incluidas las actuaciones judiciales relacionadas con responsables israelíes. Washington sostiene que el tribunal ha excedido sus competencias, mientras que la institución defiende la independencia de su labor judicial.
La Corte Penal Internacional tiene como cometido investigar y juzgar a personas acusadas de cometer los crímenes más graves de trascendencia internacional, entre ellos el genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad, dentro de los límites de su jurisdicción.
El reconocimiento europeo se produce, además, en un contexto de respaldo institucional al tribunal. La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, tiene previsto viajar a La Haya para expresar el apoyo europeo a la corte ante las presiones estadounidenses.
Tres candidaturas finalistas
La candidatura de la Corte Penal Internacional, promovida por el grupo de los Socialistas y Demócratas, se ha impuesto a otras dos finalistas: el líder opositor tanzano Tundu Lissu y las hermanas iraníes Taraneh y Romina Rahimi, perseguidas por las autoridades de su país.
El Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, instituido en 1988 y bautizado en honor al físico y disidente soviético Andréi Sájarov, distingue a personas y organizaciones que contribuyen a la defensa de los derechos humanos, la libertad de expresión y el Estado de derecho.
«NO CREO en un dios que no me deja libertad», «NO CREO en un dios que se complace en mi dolor», «NO CREO en un dios que se avergüenza de mí». NO CREO es el leitmotiv de la última creación audiovisual del proyecto Entre Compases. Se trata de una iniciativa de investigación y prevención del abuso de poder, conciencia y espiritual en ámbitos trascendentes impulsada en red por instituciones especializadas en prevención, reparación, investigación y formación: Cátedra Pro+Tejer (UCM), Proyecto Repara de la Archidiócesis de Madrid y CONFER, con el apoyo de Porticus Iberia.
El vídeo aborda «cómo se transmiten e instrumentalizan determinadas imágenes distorsionadas de Dios y cómo la usurpación del lugar de Dios genera y legitima dinámicas de abuso», han explicado los creadores de la pieza audiovisual en un comunicado. Para realizarlo, se ha contado con la reflexión compartida con supervivientes de abusos de poder, conciencia y espiritual en el contexto eclesial
La producción se enmarca dentro de las líneas de trabajo del Laboratorio «Des-en-red-ando el abuso espiritual», un espacio que funciona desde hace varios años en el proyecto Repara de la archidiócesis de Madrid. En él sus responsables constatan que «la reparación integral no puede limitarse a un acto aislado ni resolverse únicamente mediante los protocolos formales, las vías jurídicas, las terapias individuales o el acompañamiento espiritual —medidas indispensables pero muchas veces insuficientes por sí solas—», sino que «requiere generar redes comunitarias de amparo, sostén y significación, a la vez que una conciencia compartida de los mismos que ayude a detectarlos y resistirse positivamente a ellos».
Experiencia de sanación y transformación cultural
El grupo está compuesto por personas de edades y contextos diversos que han sufrido abusos espirituales, de poder y de conciencia —y en algunos casos también sexuales—, y acuden a este espacio seguro tras haber transitado o estar inmersas en procesos terapéuticos individuales.
El horizonte de este laboratorio trasciende lo meramente terapéutico: pretende contribuir a que el magisterio de las víctimas alimente la investigación académica e inspirar la praxis eclesial, dotando a la Iglesia de herramientas para sanar estructuralmente y proponiendo acciones de prevención efectiva.
A través de talleres y de la fuerza del lenguaje simbólico, el grupo ha ido nombrando el abuso invisible, sacando de la oscuridad mediaciones corrompidas que deformaron la experiencia interior de fe.
Continuidad del proyecto
La experiencia previa de nombrar estas dinámicas abusivas dio lugar el año pasado a un primer vídeo de alto impacto: ¿Qué es el abuso espiritual, de conciencia y de poder en la Iglesia? .Dando continuidad a este recorrido, la alianza con Entre Compases ha permitido profundizar específicamente en desarticular las imágenes perversas de Dios mediante la dinámica «No creo en un dios que…».
Este nuevo material busca contribuir a la promoción de la salud espiritual, visibilizando las representaciones distorsionadas y mediaciones corrompidas de Dios que sustentan estas conductas y que se utilizan para justificarlas.
El Camino Neocatecumenal estrena página web en 22 idiomas para acercar su historia y su misión
El Camino Neocatecumenal ha estrenado una nueva página web oficial con el objetivo de facilitar el acceso a la información sobre este itinerario de iniciación cristiana. La plataforma, disponible en 22 idiomas, ofrece contenidos sobre su historia, sus responsables internacionales y las distintas formas de evangelización que desarrolla en las parroquias y en diferentes países. El lanzamiento coincide con la apertura de perfiles oficiales en Facebook e Instagram, algo inédito hasta el día de hoy.
La web incorpora un apartado de noticias con información sobre la actualidad de las comunidades. También recoge datos sobre la implantación internacional del Camino, que, según las cifras publicadas por la propia organización, cuenta con 20.300 comunidades en 139 naciones, presentes en 6.197 parroquias de 1.392 diócesis. Además, señala la existencia de 116 seminarios misioneros diocesanos Redemptoris Mater en todo el mundo.
Otro de los espacios está dedicado alos orígenes del Camino Neocatecumenal, que comenzó en 1964 en las barracas de Palomeras Altas, en Madrid, con Kiko Argüello y Carmen Hernández. La página ofrece información biográfica sobre ambos iniciadores, así como sobre los demás integrantes del equipo responsable internacional: el sacerdote Mario Pezzi y María Ascensión Romero.
Los Papas y el Camino Neocatecumenal
La plataforma reúne asimismo discursos y documentos de los Pontífices relacionados con el Camino, desde san Pablo VI hasta León XIV, y explica sus diferentes iniciativas misioneras. Entre ellas figuran las familias en misión, los catequistas itinerantes y los seminarios Redemptoris Mater.
Algunos de los contenidos de la nueva web.
La música tiene también un lugar destacado a través del cantoral Resucitó, que reúne salmos, himnos y cantos vinculados a este itinerario de formación cristiana. La web permite acceder a este recurso, que cuenta además con aplicaciones para dispositivos Android y iPhone.
El lanzamiento de la página se ha acompañado de la apertura de perfiles oficiales del Camino Neocatecumenal en Facebook e Instagram, que se suman a su presencia en la red social X. Con estos canales, la organización amplía su presencia digital y ofrece nuevas vías para difundir sus actividades y contenidos.
No sé si desde cierto punto de vista la acampada de Sol puede incluirse como última ola de la moda cristiana, pues fue Francisco de Asís quien comenzó la crisis de la concepción tradicional de la propiedad.
Il Poverello de Asís quiso deshacerse de su pasado con la virtud de la pobreza. Cada cual debía vivir sirviéndose tan solo de lo que necesitaba, sin adueñarse de ello y, sobre todo, sin acumular nada.
Desarrollaron su pensamiento los franciscanos Escoto y Ockham. Interpretaron que la propiedad no pertenecía a la situación original del hombre; antes del pecado original, todas las cosas eran comunes. Los individuos separados unos de otros debían usar lo suficiente para subsistir sin tener nada para sí. Al mismo tiempo, donde lo originario era la cosa común, el pecado tendía a comprenderse como apropiación: la injusticia se desencadenó cuando los hombres comenzaron a desear por encima de sus necesidades y, al acumular pertenencias, se puso en peligro la subsistencia de los demás.
De ese modo, la propiedad debía concebirse únicamente como la protección artificial de la necesidad de uso de cada uno ante los ávidos de posesiones. Así, de forma inevitable, la propiedad tendía a verse como la máscara del pecado.
La misma constitución de la orden franciscana se las tuvo que ver con el papado en busca de un uso sin dominio de los conventos franciscanos. Gregorio IX les protegió. Pero con el tiempo se vieron a asumir las propiedades de los lugares que habitaban, como si vivir en el mundo fuera indisociable de cierta forma de propiedad.
Por ello, sectores más radicales surgían de entre las entrañas de la orden. Diversos grupos de Fraticelli disidentes se escindían en busca de la pobreza absoluta. El misticismo milenarista de Joaquín de Fiore se mezcló con sus ideas y se volvieron apocalípticos: debían esperar la llegada del paraíso comunista que se había perdido con el pecado. Donde el mal originario había consistido en la apropiación, la salvación debía por fuerza consistir en la pobreza; esto es, en la abolición de la propiedad privada. Dios salvaba, sí, claro; pero su reino debía visibilizarse como el despojamiento de los hombres. El reino definitivo de Dios sobre la tierra debía consistir en una relación nueva entre nosotros, liberada de las malas hierbas de la propiedad. Con ello estaban ya sentadas las bases de la religión materialista.
Bulas y concilios caían como hachas sobre estas ramificaciones del franciscanismo más radical que no dejaban de brotar. Juan XXII declaró herética la tesis de la pobreza absoluta de Cristo. Había algo muy hondo en esta aspiración que arañaba los sentimientos de injusticia que anidan en el alma. El deseo de salvación y de pureza, el hartazgo de una historia de pecado e injusticia y el cansancio cotidiano de los más pobres parecían encontrar aquí su revés. Estos fueron solo los primeros y más externos resultados de la profunda revolución que se había operado. Los franciscanos, incansables predicadores, recorrían Europa y sembraban sus enseñanzas entre los más humildes. Paulatinamente en todo el viejo continente germinó la sospecha del pobre contra el rico.
Las revueltas comenzaron a sucederse. En 1381 el inglés John Ball empujaba a las multitudes de campesinos contra los grandes propietarios: «Cuando Adán cavaba y Eva hilaba, ¿quién era el señor?». Nadie señoreaba las tierras del paraíso. Con el tiempo, este nadie terminará por devorar el señorío terrenal del mismo Dios y convertirlo en opio. Pero todavía la crítica a los señores y a la propiedad se maridará con las primeras vendimias de los reformadores más radicales. Wyclif, Hus, Müntzer, Matthys, van Leyden.
En Inglaterra, los diggers quisieron coger las riendas de la revolución inglesa del siglo XVII hasta que fueron derrotados en el campo de batalla; pero sus ideas permanecieron. Harrington llamaba a la calma: sin un mínimo de propiedad las masas serían esclavas de las circunstancias. Su intuición resultó profética. El comunismo vino a ser la otra cara de la moneda del capitalismo más atroz. Poco a poco, los hombres dejarán de ser campesinos para ser obreros en las ciudades, sin más propiedad que la fuerza de su trabajo, sin que su trabajo les permita —como pretendía Locke— adquirir ninguna propiedad. El marxismo posterior no hará casi nada más que aprovechar la ola.
Al final el capitalismo y el socialismo coinciden en su propuesta radical: un mundo donde la propiedad no sea de nadie, sino que esté concentrada en un ente abstracto; Estado o Capital, qué más da. ¿Los alquileres perpetuos no ponen las bases para que el gran capital se haga con todas las viviendas? Quizá la verdadera revolución pase porque los cristianos empecemos la casa por los cimientos y volvamos a creer en la propiedad.
Tirar una cerilla encendida en un monte seco puede provocar un incendio. Si a ella se suman otras cerillas lanzadas a voleo en la misma zona, se ocasiona un incendio incontrolado. Algo semejante sucede en las redes sociales. Un usuario crea un contenido simple de incitación al odio, por ejemplo, hacia un determinado colectivo y, rápidamente, a través de un simple clic, numerosas personas lo diseminan, muchas veces sin reflexionar sobre las consecuencias que están ocasionando.
En el ecosistema digital, reenviar, compartir o retuitear puede incendiar cualquier tipo de odio, también el religioso. Con un solo clic, una persona comparte un contenido, aunque no implique necesariamente respaldarlo. En ocasiones se hace por indignación, por curiosidad, movidos por una emoción o por sorpresa. Esta realidad puede ser preocupante y relevante cuando se habla de polarización y de discursos del odio, también religioso. Incluso, se puede pensar que son responsabilidad exclusiva de grupos radicalizados. Limitar el problema a grupos agresivos impide comprender cómo se alimenta la confrontación social.
Los contenidos de las redes se viralizan por los clics que los diseminan. Por ejemplo, cualquier comentario discriminatorio religioso podría pasar desapercibido si no fuera porque miles de usuarios deciden diseminarlo entre sus contactos que, a su vez, lo comparten. Puede ser que ninguno de esos perfiles se considere promotor de odio, pero el resultado final multiplica la visibilidad del mensaje y se provoca el incendio en las redes.
Entre otros, el proyecto HatemediaReligion, llevado a cabo por investigadores de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y financiado por la Fundación Pluralismo y Convivencia, ha estudiado el discurso de odio religioso en los comentarios a las noticias de los medios de comunicación españoles. El estudio analiza cómo se promueve y se refuerza el rechazo, la estigmatización o la discriminación de grupos o personas por razón de sus creencias religiosas. Como resultado relevante, esta investigación pone de manifiesto que en pocas ocasiones aparecen amenazas explícitas, sino que este odio religioso se presenta mediante estereotipos, desinformación o como amenaza social. Son mensajes sesgados que refuerzan prejuicios y, al ser compartidos, se van cargando de contenido que consolida percepciones negativas sobre los colectivos o comunidades creyentes.
La cultura de la inmediatez, de la reacción fácil mediante el clic, provoca la falta de reflexión. Se comparte antes de verificar. Nos mueve una emoción. Un mensaje simple cala más que una explicación contextualizada y más compleja. El reto no es identificar el origen del discurso del odio, sino entender el mecanismo que lo disemina en una sociedad hiperconectada y con una participación digital sin reflexión.
La buena noticia es que podemos ser conscientes de esto. Antes de culpabilizar a los usuarios de las redes sociales, animo a incorporar pequeños hábitos de reflexión para comprobar el origen de ese mensaje que nos llama la atención, cuál es la fuente, leer más allá del titular y analizar si ese contenido busca informar o pretende provocar una reacción emocional más que informativa. Porque sí somos capaces de tomar decisiones responsables para apagar el connato de incendio; sencillamente con no hacer clic.
Otro resultado significativo del proyecto HatemediaReligion es que las redes no amplifican solo los mensajes más agresivos, sino que se produce el fenómeno denominado fatiga por indignación, es decir, que no amplificamos según nuestras creencias, sino que la exposición a tantos mensajes de odio hace que reaccionemos de forma inmediata, con un clic. Esto se observó en el citado estudio, con independencia de la orientación política del medio analizado, de derecha, de centro o de izquierda.
Casualmente, el odio religioso provoca emociones intensas, precisamente porque afecta a valores y creencias personales y profundas que provocan emociones, y lleva a compartir ese mensaje, bien para indignarse bien para reafirmarse. Es una de las conclusiones significativas del proyecto de investigación: que el odio religioso no genera un gran debate, sino que se amplifica de forma silenciosa y se propaga masivamente entre grupos que comparten las mismas creencias. Los investigadores señalan que el odio religioso es como un eco en una sala, que ocupa todo el espacio que encuentra y no depende del volumen inicial. Es un fenómeno que se conoce como cámaras de eco: al tocar fibras sensibles, de valores íntimos, la persona que reacciona e interactúa con el mensaje no busca la discusión, sino más bien reafirmarse con su comunidad.
La reflexión también nos lleva a cortar la cadena de viralidad, incluso cuando es para criticar o manifestar el desacuerdo con el comentario de incitación al odio religioso, porque el algoritmo funciona con su propia lógica y detecta la actividad, la interacción y cada vez que compartimos un mensaje contribuimos a aumentar su alcance, independientemente de que lo hagamos para apoyarlo o para criticarlo.
No obstante, lo interesante es desarrollar el pensamiento crítico y ser conscientes de la manipulación que provoca la desinformación, por lo que es imprescindible verificar antes de compartir.
León XIV pide a las familias que «ayuden a discernir» a la Iglesia
Durante una semana, los brasileños Solange Gregory Schila y Alisson Roberto Schila dejaron a sus tres hijos en casa para participar en el encuentro de los obispos de todo el mundo en torno al décimo aniversario de la exhortación Amoris laetitia. De vuelta a Dourados, comparten con Alfa y Omega que ahora «tenemos aún más clara la necesidad de seguir acompañando de cerca las realidades familiares», con cercanía y «una mirada atenta y misericordiosa».
El matrimonio, que coordina la pastoral familiar a nivel nacional, relata que el fruto más concreto de Amoris laetitia en Brasil que pudieron aportar al encuentro es precisamente el florecimiento de itinerarios para acompañar a las familias en las diversas etapas. Aunque los obispos eran mayoría, las familias «estaban en todas las mesas» y se produjo «una escucha atenta y una participación activa», en «un clima muy fraterno y amistoso». Por eso aseguran que esta cita ha reforzado su sentido de pertenencia eclesial.
También se llevaron deberes. León XIV, en su mensaje final —firmado el 13 de octubre, día de su operación—, animaba a los asistentes a compartir en sus lugares de origen lo reflexionado, a «seguir proclamando el Evangelio con las familias» y a que estas estén «activamente involucradas en la vida y en la misión de sus Iglesias» y las «ayuden a discernir».
El documento de síntesis aún no se ha publicado, ni hay fecha, a la espera de las aportaciones del Santo Padre. Su cirugía obligó a cambiar los planes. Se contaba con que escuchara el desarrollo de todos los trabajos «y, en particular, la discusión final» y que pronunciara un discurso para «recoger y desarrollar las aportaciones», explica Giacomo Costa, consultor de la Secretaría General del Sínodo y responsable de la metodología del encuentro. En vez de eso, prometía en su mensaje que leería el material y «a su debido tiempo ofreceré mis reflexiones».
Esto no implica, sin embargo, que todo quede en suspenso. Costa ofrece a este semanario tres claves de esas reflexiones que el Papa animó a compartir. La primera es la centralidad del reconocimiento de la fragilidad humana. Philippe Bordeyne, director del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II para las Ciencias del Matrimonio y de la Familia, y coordinador de los expertos, explica que esta surge cuando «la sabiduría transmitida por las generaciones anteriores ya no basta para afrontar» problemas novedosos y se toma conciencia de los propios límites y de la llamada a la solidaridad para hacerles frente. «Rápidamente se convirtió en hoja de ruta» la reflexión de León XIV en Magnifica humanitas sobre cómo esta característica forma parte de esa «magnífica humanidad». Conectar con ella «las situaciones complejas» que abordaba Amoris laetitia «me parece una aportación importante», asegura Bordeyne. También la Iglesia ve que «no tiene respuesta para todo» pero «puede acercarse, escuchar y dejarse conmover por la creatividad humana».
La familia Schila durante el Jubileo de las Familias. Los padres llevan casados 23 años. Foto cedida por Solange Gregory Schila.
Esta vivencia transforma el acompañamiento, otra de las claves del encuentro según Costa. «Requiere continuidad en las relaciones, personas bien preparadas y comunidades donde resulte natural compartir las dificultades y pedir ayuda». Parte «integral» de este acompañamiento es el discernimiento personal y pastoral. «Se trata de itinerarios exigentes que requieren tiempo, confianza y la formación de la conciencia, respetando siempre la responsabilidad» de cada uno.
En la rueda de prensa final Bordeyne explicó que una de las novedades del documento de síntesis es que en al apartado sobre acompañar en las dificultades se añadió el discernimiento «porque hubo mucho acuerdo», algo que considera una evolución notable ya que en el pasado «ha habido mucha resistencia». Otro adelanto sobre el texto final es que en lo relativo a los jóvenes, se pone el acento en que se los debe ayudar a descubrir la vocación al matrimonio desde su «deseo de amar», que es «lo que queda en ellos» en medio de multitud de cambios económicos, sociales, culturales y tecnológicos. Así, el aumento de las uniones libres ha hecho ver que «las parroquias no pueden limitarse a esperar» a quienes piden casarse, sino que «se han propuesto nuevos itinerarios de formación para parejas que conviven», con el fin de hacerles descubrir el sacramento.
Por otro lado, tanto la parte introductoria —«juntos en un mundo cambiante»— como la final —las familias como «discípulos misioneros» en una Iglesia sinodal— apuntan a que esta cita ha tenido «una conexión importante con la puesta en marcha del Sínodo» sobre la sinodalidad, subraya Costa. No solo porque «la evaluación es una práctica eclesial que debe cultivarse»; también porque «reconocer a las familias como agentes de la misión implica involucrarlas en el discernimiento y dar espacio a su responsabilidad». Además, «esta experiencia refuerza la convicción de que el camino sinodal toma forma a medida que abordamos juntos los desafíos reales y prácticos de nuestra misión».
Bordeyne va más allá. Subraya que el encuentro ha permitido profundizar en cómo «la doctrina de la Iglesia sobre la familia enriquece nuestra comprensión del misterio de la Iglesia». Cita, por ejemplo, la acogida universal del concepto de Iglesia como «familia de Dios», surgido en África en los 50 pero que «se ha convertido en un tesoro para toda la Iglesia», a la que muchos se referían en el encuentro como «familia de familias».
Un sí que hace posible que la vida diocesana vaya adelante
Discernir entre varios ayuda a tener más luz para encontrar el camino. En una Iglesia local que apuesta por la sinodalidad, el nombramiento de dos obispos auxiliares es un modo de avanzar en ese deseo de vislumbrar el mejor modo de anunciar el Evangelio y construir el Reino de Dios en la Iglesia que peregrina en Madrid.
El arzobispo de Madrid lo ve, y así lo señalaba en la presentación de los obispos auxiliares electos, como momento para afianzar la corresponsabilidad y la misión a la que todos somos convocados. En el caso de aquellos que han sido nombrados, su sí hace posible que la vida diocesana vaya adelante.
Un sí al que se responde desde la confianza en el Señor, que es grande y sigue haciendo su obra buena. Ver el nombramiento desde esa perspectiva lleva a no salir corriendo ante una situación que los nombrados creen que les sobrepasa, pero que entienden y asumen desde una experiencia desbordante del amor de Dios, que cambia la vida de las personas.
Esa experiencia es vivida por todos en determinados momentos de la vida, también por quien es llamado a asumir la misión que la Iglesia les ha confiado a los nuevos obispos auxiliares. Un servicio que se aprende a ejercer desde la confianza en la misericordia de Dios, que es el primero que se implica para llevar a cabo cualquier tarea que nos encomienda, aunque en principio pensemos que es algo que nos supera.
Dios capacita a los que elige y, en el caso de los nuevos obispos auxiliares, les aportará los instrumentos necesarios para hacerle presente en medio de nuestra sociedad. Una labor que debe ser realizada en comunión con toda la Iglesia que peregrina en Madrid. Ahora de un nuevo modo, pero continuando con su servicio, como han hecho a lo largo de años de ministerio presbiteral.
Hay imágenes que son símbolos, que expresan más de lo que muestran. Y esta del Ayuntamiento de Limoges con su torre colapsando envuelta en llamas parece decir que no es solo un edificio el que se desmorona. Desde hace semanas, Europa observa atónita cómo Francia se incendia. La misma que salía a las calles para recibir al Papa en una ola de esperanza trata de contener su espiral de violencia, con la sensación de que no hay nadie al volante y los frenos se han roto. Desde París a Marsella, pasando por Lyon o Burdeos, la dimensión de los disturbios ha llevado a pensar en la Francia que hace siglos tomó la Bastilla, guillotinó a sus reyes e hizo caer violentamente un régimen. El pasado fin de semana, dejó 2.400 detenidos, un millar de policías heridos, 2.000 comercios asaltados y un paisaje desolador de infraestructuras pasto del fuego. «Es un monumento el que se quema, no la República», se esforzaba en decir el alcalde de Limoges, mientras el emblema de la localidad se desplomaba ante el estupor de una nación.
Con la debida distancia frente a la Francia de hace dos siglos, el politólogo Jérôme Fourquet habla también de hoy como el final de una etapa. En el origen de la protesta está el hastío de una generación que ve cómo los servicios públicos se deterioran, la vivienda se encarece, el trabajo es más precario y hay menor poder adquisitivo. Ante la impotencia de las Administraciones, se sitúan los extremos: quienes dicen que la dimensión de la rebeldía está justificada por la falta de respuestas y por la represión policial; y quienes consideran que el país hace tiempo que perdió su identidad y autoridad y camina a la deriva. Ciertamente, Francia se encuentra en una crisis social, política y económica generada, en parte, por su deuda. Pero la ira revolucionaria, que algunos sitúan en el ADN francés, no es ni pedagógica ni constructiva. Ya lo decía el sociólogo Raymond Aron: a Francia le sobran revoluciones y le faltan reformas.
Sin embargo, la protesta no se circunscribe al país vecino. Se ha trasladado con más o menos virulencia a otras ciudades de Europa: Milán, Lisboa, Madrid… Aunque los motivos son diversos, los protagonistas suelen ser jóvenes a los que unen las mismas inquietudes: la falta de expectativas y la desconfianza institucional. Después de unos años de euforia económica y letargo social, las grietas empiezan a abrirse dejando a la intemperie un modelo y unos liderazgos incapaces de dar respuestas en conjunto. Lo dijo muy bien el Papa en Metz: uno de los valores de Europa fue su capacidad de sacrificar algunas posiciones por el bien superior. Hace 70 años fue la paz. Hoy, el futuro de las democracias, que amenazan con colapsar como ese bello edificio de Limoges.
Francisco Alas-Pumariño: «Ahora la DGT se centra en la persona»
La Dirección General de Tráfico ha puesto en marcha un novedoso reglamento de circulación para reforzar la protección de los usuarios vulnerables. La reforma sitúa a las personas y sus formas de desplazarse en el centro de la movilidad, dejando atrás un modelo centrado en la carretera y el vehículo.
Su entrada en vigor ha coincidido en este inicio de curso con la celebración de las Jornadas de Delegados Diocesanos de Pastoral de la Carretera, organizadas por la Conferencia Episcopal, que concluyen este jueves en Madrid. En ellas ha participado Francisco Alas-Pumariño Linder, jefe de la Unidad de Normativa de la DGT, que ha atendido a Alfa y Omega para explica el cambio normativo.
—¿Cuál es la principal novedad del nuevo reglamento? —Lo más novedoso es el principio que inspira el nuevo reglamento. Es una especie de cambio de paradigma. Hasta ahora, el reglamento de circulación se centraba en los vehículos y en las vías interurbanas. Sin embargo, ahora se cambia el foco completamente y se dirige a la persona y al entorno urbano.
«Debemos adaptar las medidas a los nuevos retos que van surgiendo».
Francisco Alas-Pumariño
Jefe de la Unidad de Normativa de la DGT
—¿Qué les ha llevado a cambiar de perspectiva? —Hemos detectado que, estadísticamente, había un importante número de víctimas dentro del colectivo que se han definido como usuarios vulnerables: peatones, tanto niños como mayores; ocupantes de vehículos de dos ruedas, usuarios de bicicletas… Por eso, hemos querido cambiar el foco. Hasta ahora, siempre se hablaba de las vías interurbanas, de los límites de velocidad, de cómo debe adelantarse. Ahora queremos hablar más de las vías urbanas, que es donde mayor concentración de usuarios vulnerables hay. Así, se ha creado un título completo en el nuevo reglamento de circulación para regular estas vías urbanas.
—Habla de víctimas y la DGT trabaja con el objetivo de reducir al máximo la siniestralidad vial. ¿Qué valor tiene para ustedes la vida humana? —Mira, cuando proponemos la adopción de alguna medida, porque hemos detectado algún punto donde se producen muchos accidentes, los responsables de la vía siempre alegan que hacer una obra de este tipo tiene unos costes muy grandes. Ahí siempre surge la pregunta de cuánto vale una vida humana. Evidentemente, tiene un valor incalculable. Hay algunos estudios sociológicos y económicos que ha intentado tasar el valor de una vida humana, pero yo no me creo que eso se pueda medir en dinero.
El nuevo reglamento
Vehículos de movilidad personal: La nueva normativa, entre otras cosas, fija en 15 años la edad mínima para conducir y la obligatoriedad del casco y del chaleco reflectante (este último, solo por la noche o con poca visibilidad).
Bicicletas: El casco pasa a ser obligatorio, sin excepciones. Y se establece una distancia mínima de cinco metros entre vehículos a motor y ciclistas que circulen delante por el mismo carril.
Motocicletas: Guantes de protección obligatorios en vías interurbanas. Calzado cerrado obligatorio en cualquier tipo de vía. Podrán circular por el arcén derecho en los atascos, pero a 30 km/h.
Riders: En caso de utilizar bicicletas, VMP, ciclomotores o motocicletas para desarrollar una actividad profesional, será obligatorio el uso de casco y chaleco reflectante en todo momento.
Peatones: En pasos de cebra no podrá coincidir la luz ámbar intermitente para vehículos con la luz verde no intermitente para peatones. Además, en calles con plataforma única, los peatones tendrán prioridad.
Circulación con nieve y vehículos de emergencia: En autopistas y autovías, estará prohibido adelantar cuando la circulación se vea dificultada por la nieve y habrá que dejar libre el carril izquierdo para vehículos de emergencia y quitanieves.
—¿Cómo se valora desde la DGT la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico que anualmente celebra la Conferencia Episcopal Española? —Se valora muy positivamente. Nos parece importantísimo, porque no deja de ser un actor social de primera magnitud en un país como España. Estamos encantados de colaborar con la Conferencia Episcopal Española. De alguna manera, nos sirve para trasladar estos mensajes, en cuanto que buscan preservar la vida y la salud de las personas y la convivencia en todos los usuarios de las vías.
—En el encuentro se ha hablado de la dimensión caritativa de la conducción. ¿Qué importancia tiene la caridad, que quizá también se puede entender como empatía o respeto por los demás, cuando uno se sube a un vehículo? —Esto es muy importante. Cuando uno se mete en un vehículo parece que se mete dentro de una especie de disfraz o de coraza que le aísla de los demás usuarios. Se transforma. Y lo que hay que hacer es romper esa dinámica y tomar conciencia de que, cuando ves un ciclista por la carretera, ese ciclista podría ser un hijo tuyo o cualquier amigo. Lo mismo con los peatones. Hay que empatizar con ellos y darles prioridad, porque, además, en caso de un accidente van a sufrir las peores consecuencias.
Conferencia del arzobispo de Madrid en la Tribuna Joan Carrera, en Barcelona, el 15 de octubre de 2026
Quisiera comenzar con dos imágenes aparentemente muy distantes entre sí, pero que pueden ayudarnos a situar lo que está en juego cuando hablamos de sinodalidad. La primera es conocida: los violinistas del Titanic. Mientras el barco se hunde, continúan interpretando su música. La escena resulta conmovedora porque aquellos músicos no están haciendo mal su trabajo. Todo lo contrario. Permanecen fieles a aquello que saben hacer y continúan haciéndolo bien hasta el último momento. Pero, convertida en parábola, la imagen nos provoca: es posible hacer muy bien aquello que siempre hemos hecho y, sin embargo, no responder adecuadamente a lo que realmente está sucediendo.
Quizá este riesgo exista también en la Iglesia. Podemos celebrar bien, mantener nuestras estructuras, programar mejor, multiplicar iniciativas y sostener instituciones que han producido muchos frutos y, sin embargo, no advertir suficientemente que las condiciones del viaje están cambiando. El problema no está necesariamente en aquello que veníamos haciendo. Muchas de nuestras formas pastorales han sido fecundas y continúan siéndolo. La pregunta es si seguimos escuchando lo que Dios nos pide ahora y si nuestras formas de proceder nos permiten reconocer la realidad nueva que tenemos delante.
Frente a esta imagen quisiera colocar otra: Jonás. El libro de Jonás siempre me ha impresionado porque presenta un Dios que parece confiar en las posibilidades de un hombre más de lo que ese hombre confía en Dios. Jonás conoce perfectamente sus limitaciones y, cuando recibe la misión de ir a Nínive, huye. No entiende que la misión no depende fundamentalmente de sus capacidades. Dios le pide algo bastante más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil: que se ponga en camino y anuncie la palabra que ha recibido. Pero el problema de Jonás no es solamente que desconfíe de sí mismo. Tampoco confía demasiado en la eficacia de aquella palabra ni, en el fondo, en las posibilidades de Nínive. Mira aquella ciudad y prácticamente ha hecho ya un juicio sobre ella. Dios, sin embargo, la mira de otra manera. Donde Jonás ve un pueblo casi perdido, Dios continúa viendo personas capaces de escuchar, convertirse y comenzar de nuevo. Y ocurre lo sorprendente: Nínive escucha. Entonces descubrimos que en el libro no solamente se convierte Nínive. También tiene que convertirse el profeta. Jonás debe aprender que la palabra que anuncia no es su palabra, la misión no es su misión y el pueblo al que es enviado no es propiedad suya. Tiene que aprender, sobre todo, a mirar aquel pueblo de la manera en que Dios lo mira y a confiar en la Fuerza del mensaje que anuncia.
Creo que aquí aparece una buena puerta de entrada a la sinodalidad. Quizá una de las conversiones que necesitamos consiste en dejar de preguntarnos solamente qué tenemos que hacer nosotros y comenzar a preguntarnos qué está haciendo ya Dios en su Pueblo. Antes de decidir qué necesita una comunidad, necesitamos escucharla; antes de pensar que nosotros llevamos a Dios a determinados lugares, necesitamos reconocer que el Espíritu nos precede; y antes de dar por perdidos determinados ambientes, personas o generaciones, convendría recordar que Dios puede estar viendo posibilidades donde nosotros solamente vemos dificultades.
Y cuando se habla de sinodalidad, hemos de reconocer que se detectan diversas reacciones. Unos experimentan entusiasmo; otros dan muestras de nerviosismo e incertidumbre; algunos reflejan cierto cansancio. No faltan quienes piensan que estamos ante una palabra nueva para una realidad que les resulta todavía desdibujada.
Sin embargo, la realidad es que la sinodalidad constituye una vieja novedad. Así he querido titular mi intervención. Es «vieja», porque pertenece al ADN de la Iglesia desde Pentecostés. Pero también es «novedad», porque, aunque durante siglos determinadas circunstancias históricas debilitaron algunas de sus expresiones, hoy el Espíritu —protagonista principal del concepto de sinodalidad— nos invita a revitalizar esta dimensión eclesial.
Como sucede tantas veces en la Iglesia, no avanzamos inventando, sino recordando y volviendo a nuestros orígenes. Por tanto, es importante destacarlo ya desde el principio: no caminamos hacia algo extraño a nosotros; más bien, volvemos a casa.
Decía san Vicente de Lerins, monje galo del siglo V, que el verdadero desarrollo de la doctrina consiste en que «crezca permaneciendo idéntica». La Iglesia cambia, pero precisamente y solo para seguir siendo ella misma. La sinodalidad pertenece a esa lógica. No se trata de un cambio de identidad. Más bien es un cambio de estilo y, como veremos, de modo eclesial de proceder.
La sinodalidad no altera la naturaleza jerárquica de la Iglesia. Nos obliga, eso sí, a comprenderla dentro de una Iglesia que es Pueblo de Dios y a articular el ministerio ordenado, el sensus fidei del Pueblo santo, los diferentes carismas y las distintas vocaciones en esa realidad que el proceso sinodal ha expresado mediante una fórmula especialmente fecunda: «corresponsabilidad diferenciada».
Dios siempre ha caminado con su Pueblo
Empezaré afirmando que, en sentido amplio, la sinodalidad comienza mucho antes de la Iglesia. Porque la noción de sinodalidad, a mi juicio, presenta un doble acento: por una parte, destaca la idea del caminar, del dinamismo, de la renuncia a una imagen estática y fija; por otra, habla no de una perspectiva intimista e individual, sino que constitutivamente apela a la mediación comunitaria, al caminar con otros.
Toda la historia de la salvación es una historia de un Dios que camina junto con su Pueblo. El Señor no gobierna desde la distancia ni se desentiende de las cuitas humanas. Camina con su pueblo. «Yo soy», dinámicamente, puede traducirse por «soy el que seré con mi pueblo». Por eso camina con Abraham, acompaña a Moisés y camina con Israel por el desierto.
Existe también discernimiento, una misión compartida y una comunión de intereses. Pero, sobre todo, aparece una gran enseñanza: Dios no salva individuos aislados; salva un pueblo.
La Iglesia nace ya caminando y no de modo aislado, recordando que el primer envío fue de dos en dos (cf. Mc 6, 7; Lc 10, 1) y sabiendo que donde dos o más estén reunidos en su nombre allí está el Señor (cf. Mt 18, 20). Esta intuición atravesará toda la Escritura y será recuperada solemnemente por el Vaticano II.
Jesús, el gran caminante
Jesús jamás organiza una escuela de discípulos sedentarios sentados en un pupitre. Más bien los llama para caminar y para recuperar dinámicamente los lugares donde la gente vive la vida. Por ello, desde el principio, las calles, las plazas, los montes, el mar y, de manera muy destacada, los bordes de los caminos se convierten en lugares preferidos para el anuncio de la Buena Noticia.
El episodio de Emaús (cf. Lc 24, 13-35) constituye quizá la mejor imagen de ese caminar juntos que se consagra también después de la muerte y resurrección del Señor. Arranca con dos discípulos decepcionados. Jesús se acerca, pero antes de hablar escucha primero. Pregunta. Muchas veces lo relevante es hacer las preguntas precisas.
Podría corregir inmediatamente la interpretación equivocada que aquellos discípulos hacen de los acontecimientos, pero permite primero que expresen lo que han vivido, sus expectativas frustradas y su tristeza. Luego el Maestro interpreta las Escrituras y seguidamente parte el pan. Toda la pedagogía sinodal está ahí: la escucha compartida, el discernimiento a la luz de la Palabra, la celebración y la misión.
La Iglesia primitiva: el primer Sínodo
El gran texto es Hechos 15, 1 y el llamado Concilio de Jerusalén. Había surgido un conflicto enorme. Se discutía nada menos que quién podía pertenecer a la Iglesia y bajo qué condiciones. No era una cuestión secundaria ni meramente organizativa. Estaba en juego la comprensión misma de la novedad cristiana y de la misión a los gentiles.
A esa pregunta no se responde sin más con un decreto unilateral. Se ponen a la escucha mutua, debaten apasionadamente aportando cada cual sus mejores razones y disciernen. Pedro habla y aparece ya una responsabilidad diferenciada. Pablo y Bernabé cuentan su experiencia, aquello que han visto hacer a Dios entre los gentiles. Santiago ofrece una síntesis. La tradición, la experiencia, la Escritura y el discernimiento de la comunidad entran en conversación.
Asistentes a la conferencia del cardenal Cobo en Barcelona. Foto: Tribuna Joan Carrera.
Finalmente, el libro de los Hechos se hace eco de una frase extraordinaria: «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…». No dice unilateralmente: «He decidido». Pero tampoco afirma simplemente: «hemos decidido nosotros». La Iglesia no se entiende como propietaria de la misión. La decisión es fruto del discernimiento comunitario y de la apertura al Espíritu Santo, que es desde el inicio el gran protagonista sinodal.
Aquí encontramos cuatro pilares de toda sinodalidad: escucha; libertad para hablar; discernimiento eclesial; decisión por parte de quienes tienen la autoridad. No hay autoritarismo ni tampoco parlamentarismo democrático, pero sí una participación real de los diferentes sujetos dentro de una comunidad que busca reconocer aquello que el Espíritu está haciendo.
La sinodadalidad en la historia de la Iglesia. Brevísimo apunte
Mucho antes del Vaticano II la Iglesia ha vivido profundamente en clave sinodal. Sirvan unas pocas catas en la historia y en la tradición para acreditarlo.
Uno de los Padres de la Iglesia, san Cipriano de Cartago, afirmaba: «Nada hago sin el consejo de los presbíteros y el consentimiento del pueblo». Por su parte, san Juan Crisóstomo llegó a afirmar que Iglesia y sínodo son sinónimos, expresión frecuentemente citada para subrayar la dimensión comunional del caminar eclesial.
Y san Agustín, con motivo del aniversario de su consagración episcopal, decía: «Donde me aterra lo que soy para vosotros, allí me consuela lo que soy con vosotros. Porque para vosotros soy obispo; con vosotros soy cristiano».
No son frases retóricas, sino expresión de un sentir consolidado que muestra que la sinodalidad es una dimensión antigua de la conciencia eclesial. Y resulta especialmente significativa la afirmación de Agustín: la responsabilidad ministerial no cancela aquello que el pastor comparte con todos los bautizados.
A nivel organizativo general de la Iglesia, durante el primer milenio proliferan los sínodos locales. Los obispos se reúnen constantemente, se consulta a las Iglesias locales y Roma confirma. Se da una verdadera corresponsabilidad.
Con motivo del I Concilio de Nicea, en su 1.700 aniversario, el Papa recordó que aquel Concilio inauguró un camino sinodal que la Iglesia debe seguir para tratar las cuestiones teológicas y canónicas a nivel universal.
La vida monástica constituye otro magnífico ejemplo. La Regla de san Benito contiene un texto sorprendentemente actual. En el capítulo III, titulado De cómo se ha de llamar a los hermanos a Consejo, se dice: «Siempre que haya asuntos importantes reúna el abad a toda la comunidad». Y añade: «Muchas veces revela el Señor al más joven lo que es mejor».
No desaparece la autoridad del abad. Él tiene que decidir. Pero precisamente porque tiene que decidir necesita escuchar. La autoridad no significa poseer de antemano todo aquello que hace falta para discernir.
La Edad Media desarrolla cabildos, capítulos, órdenes religiosas con fuerte participación, universidades, concilios y múltiples formas de consulta.
Más tarde, en 1511, los frailes dominicos en la isla de La Española hacen un auténtico ejercicio de discernimiento comunitario: primero callan y escuchan la realidad; después disciernen en comunidad con ayuno y oración; finalmente encargan al fraile más joven —no al superior—, fray Antón de Montesinos, predicar aquellas famosas palabras en defensa de los derechos de la población indígena: «¿Acaso no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sienten ni padecen como nosotros?».
La palabra profética de Montesinos no nace de una ocurrencia individual. Es el resultado de una comunidad que ha mirado la realidad, la ha confrontado con el Evangelio y ha discernido conjuntamente.
El Concilio de Trento, aun dentro de una eclesiología fuertemente marcada por el segundo milenio, conoció también debates, consultas, comisiones y formas de participación, e impulsó sínodos diocesanos y concilios provinciales.
Pero el gran impulso contemporáneo llega con el Concilio Vaticano II. Lumen gentium recupera la autocomprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios, en el que todos los bautizados participan, según su vocación y ministerio, en la vida y misión eclesial. La Iglesia es Pueblo de Dios antes que una mera organización de funciones; es comunión y misión. Pablo VI llegará a decir que «la Iglesia se hace coloquio» y, en 1965, crea el Sínodo de los Obispos como cauce estable de participación del episcopado universal en el discernimiento de la Iglesia.
Sesenta años después seguimos descubriendo las consecuencias de esta eclesiología. Estamos en un momento especial de «nueva recepción». No se trata de desconocer el Concilio, sino de reconocer que estamos en un momento de crecimiento y de nueva acogida porque aún no hemos terminado de traducir todas sus intuiciones a nuestra manera ordinaria de ser y proceder como Iglesia.
Conviene precisar también qué queremos decir cuando hablamos de reforma. Congar advertía ya antes del Concilio que, en determinados momentos históricos, lo que entra en crisis no es el Evangelio, sino también las formas concretas mediante las que organizamos el apostolado, transmitimos la fe y configuramos institucionalmente la vida de la Iglesia. Por eso una reforma eclesial no tiene una finalidad empresarial ni pretende simplemente conseguir una institución más eficiente. La pregunta de fondo es siempre misionera: qué nos ayuda hoy a anunciar y transparentar mejor el Evangelio.
Sobre esta base, Francisco vuelve a situar la sinodalidad en el centro de la recepción del Concilio. En 2015 lo formuló con una expresión que se ha hecho programática: «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Su aportación puede resumirse en tres movimientos que se necesitan mutuamente: una Iglesia que escucha, una Iglesia que discierne y una Iglesia en salida. Porque la sinodalidad nunca termina en nosotros mismos: caminamos juntos porque hemos sido enviados juntos.
León XIV recoge este camino y parece empeñado en consolidarlo como hábito eclesial y espiritual. Ha recordado que la sinodalidad no es un conjunto de reuniones ni un método de trabajo, sino un estilo espiritual que nace del encuentro crece en la escucha y madura en el discernimiento. Durante su visita a España insistió en una escucha capaz de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial y utilizó una imagen especialmente expresiva: la polifonía, la unidad en la diversidad. No se trata de que todos pensemos igual, sino de aprender a escucharnos para discernir juntos lo que el Espíritu pide a la Iglesia.
Algunas claves para entender la sinodalidad
Antes de abordar los retos concretos conviene aclarar brevemente algunas palabras. Porque podemos hablar mucho de sinodalidad y continuar comprendiendo la Iglesia prácticamente de la misma manera.
La primera categoría es Pueblo de Dios, recuperada con especial fuerza por el Concilio Vaticano II. Lumen gentium recuerda que Dios no quiso salvar a los hombres aisladamente, sino «constituyendo un pueblo» (LG 9). Y no es indiferente que, después de hablar del misterio de la Iglesia, el Concilio colocara el capítulo sobre el Pueblo de Dios antes del dedicado específicamente a la jerarquía. Antes de explicar aquello que nos diferencia quiso afirmar aquello que nos constituye a todos. La Iglesia es, ante todo, un pueblo convocado por Dios, en el que existen distintas vocaciones, carismas y ministerios al servicio de una única misión.
De ahí la segunda palabra: bautismo. Primero lo común; después lo específico. Primero el bautismo; después los ministerios y las funciones. Antes de ser laicos, religiosos, sacerdotes u obispos, todos somos fieles cristianos. La diversidad no desaparece, pero queda situada dentro de una dignidad y una vocación compartidas. Por eso la corresponsabilidad no comienza cuando alguien recibe una tarea o una delegación: nace del bautismo.
La tercera clave es la recíproca necesidad. Lumen gentium 32 utiliza esta expresión para describir la relación entre pastores y fieles. Es bastante más que colaboración. Significa reconocer que el Espíritu no ha entregado todos sus dones a una sola vocación o ministerio y que, precisamente porque somos diferentes, nos necesitamos. Aquí se entiende bien la «corresponsabilidad diferenciada»: participamos de una misma misión, aunque no todos tengamos la misma función ni responsabilidad.
Y porque somos Pueblo de Dios y nos necesitamos, tenemos que escucharnos y discernir juntos. La escucha no procede simplemente de una sensibilidad democrática. Escuchamos porque creemos que el Espíritu actúa en todo el Pueblo de Dios. Ahí se sitúa el sensus fidei del que habla Lumen gentium. Escuchar no es recoger opiniones, sino admitir que la experiencia y la palabra del otro pueden ayudarnos a reconocer mejor lo que Dios está haciendo y construir un verdadero «nosotros» eclesial porque proviene de la voz del Espíritu en cada fiel.
El arzobispo de Madrid (derecha) y su vicario Pastoral (tercero por la izquierda) junto a autoridades y representantes eclesiásticos. Foto: Tribuna Joan Carrera.
Finalmente, el discernimiento debe conducir a decidir. La sinodalidad no significa que todos decidamos todo ni que la autoridad sea sustituida por una mayoría. Las decisiones se elaboran mediante la escucha, la aportación de experiencias y competencias diversas, la oración y el discernimiento; después, quien tiene la responsabilidad ministerial asume la decisión que le corresponde. Podríamos resumirlo así: no todos tenemos que decidir todo, pero nadie debería decidir en soledad aquello que necesitamos discernir juntos.
En realidad, todo está relacionado: somos Pueblo de Dios porque hemos sido convocados; el bautismo nos incorpora a ese Pueblo y nos hace corresponsables; la diversidad de dones hace que nos necesitemos; y esa recíproca necesidad nos lleva a escuchar, discernir y decidir juntos para la misión. La sinodalidad no añade algo extraño a la Iglesia; intenta ayudarnos a vivir de manera más coherente lo que ya somos.
Algunos retos de la sinodalidad para la Iglesia hoy
A partir de este recorrido, quisiera detenerme ahora en una pregunta más concreta: ¿qué retos plantea hoy la sinodalidad a la Iglesia hoy? No los formularía principalmente como una lista de reformas pendientes. La pregunta es más profunda: ¿qué conversión necesita nuestra Iglesia para seguir siendo misionera en una sociedad que ya ha cambiado? Desde aquí señalaría seis retos urgentes a afrontar y, como nota al pie, quisiera compartir algunas respuestas o experiencias que podemos aportar desde la experiencia de nuestra diócesis.
1.- Recuperar una verdadera cultura bautismal: pasar de una Iglesia sostenida por la herencia sociológica a una Iglesia de sujetos bautizados
El primero consiste en pasar de una Iglesia sostenida durante mucho tiempo por la herencia sociológica a una Iglesia formada por sujetos bautizados, conscientes de su vocación y de su responsabilidad.
La sinodalidad no comienza en los consejos pastorales o en los órganos que la expresan. Comienza en el bautismo. Antes de explicar aquello que nos diferencia por nuestras vocaciones, carismas y ministerios, Lumen gentium presenta aquello que nos constituye a todos como Pueblo de Dios.
Antes de ser obispo, sacerdote, religioso o laico, todos somos fieles bautizados. El bautismo es la fuente de la que partimos; primeramente genera un nosotros eclesial y nos envía a una misión compartida.
Esto obliga a replantear una pregunta elemental: ¿cómo nace hoy un cristiano? Si alguien recibe los sacramentos, pero no descubre que pertenece a un pueblo, que ha recibido dones y que ha sido enviado, algo esencial de la iniciación ha quedado incompleto.
Como sugerencia puedo aportar el intento que hacemos en Madrid de realizarlo mediante la puesta en marcha de un catecumenado de adultos en ocho centros piloto. No se trata simplemente de añadir otra estructura catequética. Queremos que esa experiencia nos ayude a revisar progresivamente nuestros procesos de iniciación, pasando de una preparación centrada en la recepción de sacramentos a un verdadero proceso de incorporación a Cristo, a una comunidad concreta y a una misión. Algo semejante queremos hacer con la formación del laicado: no formar únicamente colaboradores para tareas intraeclesiales, sino cristianos capaces de vivir su vocación en la familia, el trabajo, la cultura y la sociedad, aportando después a la Iglesia la experiencia que adquieren precisamente en esos lugares.
2.- Pasar de la colaboración a la recíproca necesidad
El segundo reto consiste en dar un paso desde la colaboración hacia la recíproca necesidad. Hemos avanzado mucho en participación laical, pero todavía puede permanecer un esquema implícito: el sacerdote posee la misión y los demás le ayudan a realizarla.
El profesor Rafael Luciani es un activo desvelador de una afirmación de Lumen gentium de la que ha extraído interesantes consecuencias: «pastores y fieles están unidos por una recíproca necesidad». Ningún sujeto eclesial posee por sí solo todos los dones necesarios para la misión. (Lumen gentium, en el número 32, afirma: «Pues la distinción que el Señor estableció entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los demás fieles están vinculados entre sí por recíproca necesidad»).
Esto cambia nuestra manera de situarnos. Ya no basta decir: «Necesito colaboradores para realizar mi tarea». Tenemos que llegar a reconocer: «Para discernir y realizar la misión que Dios nos confía, necesito eclesialmente de los otros».
El laico no adquiere importancia cuando ocupa espacios clericales. Su vida familiar, profesional y social contiene una experiencia que la Iglesia necesita para comprender la realidad , y actuar en ella transformándola. Tampoco una parroquia, un movimiento o una institución pueden considerarse completos por sí mismos.
Podemos condensarlo en una frase que contiene toda una eclesiología: nadie sobra, pero tampoco nadie basta.
Esta convicción afecta también a nuestras instituciones. En Madrid estamos revisando la estructura territorial de la diócesis y tratando de fortalecer el trabajo conjunto entre parroquias, arciprestazgos y vicarías. La cuestión no consiste simplemente en dibujar otro mapa, sino en aprender a compartir proyectos, recursos y responsabilidades mediante la experiencia de la complementariedad y el trabajo trasversal. Y lo mismo vale para la relación entre parroquias, vida consagrada, colegios, universidades, Cáritas, movimientos y otras realidades eclesiales: no se trata de absorber la identidad de nadie, sino de entrelazar dones diferentes al servicio de una misión común.
3.- Elaborar juntos las decisiones, ejercer la autoridad y rendir cuentas
El tercer reto afecta a la autoridad y a nuestra manera de tomar decisiones. La alternativa no es autoridad o sinodalidad. La cuestión es cómo se ejerce evangélicamente la participación dentro de una Iglesia sinodal.
Hechos 15 siempre será un marco esencial que nos ofrece una gramática muy concreta: escucha, libertad para hablar, relato de la experiencia, contraste con la Escritura, discernimiento y decisión. Por eso pudieron decir: «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros».
Aquí conviene distinguir entre elaborar una decisión y adoptar la decisión. No todos adoptan todas las decisiones. Cada sujeto conserva su responsabilidad propia. Pero nadie debería llegar solo a las decisiones importantes que afectan a todos. La elaboración necesita escucha, consulta, discernimiento y participación reales.
Esto hace más exigente la autoridad, no más débil. Pide escuchar, decidir, explicar y revisar. Una autoridad que escucha las consecuencias de sus decisiones y puede revisarlas continúa discerniendo.
A esta manera de decidir pertenece también algo que el Documento final del Sínodo ha subrayado con claridad: la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación. No son exigencias importadas de la empresa ni simples mecanismos de control. Forman parte de una responsabilidad eclesial que debe poder dar razón de las decisiones tomadas, escuchar sus consecuencias y revisar lo necesario.
El propio Nuevo Testamento ofrece una imagen significativa: después de bautizar a Cornelio, Pedro vuelve a Jerusalén y explica a la comunidad por qué ha actuado así. La autoridad no queda disminuida por dar cuenta de su servicio; se hace más responsable y creíble. Una autoridad capaz de revisar es una autoridad que continúa discerniendo.
Un elemento fundamental y muy sensible a este movimiento, que sirve de termómetro del mismo, es la sinodalidad que expresan nuestros consejos pastorales. No se vuelven sinodales simplemente porque haya laicos alrededor de una mesa, sino cuando sus miembros pueden conocer juntos la realidad, escuchar la Palabra, elaborar propuestas, participar en la construcción de las decisiones y evaluar después lo realizado.
En Madrid estamos impulsando la implantación efectiva de los Consejos Pastorales Parroquiales y comenzando el camino hacia una Asamblea Sinodal diocesana en 2027. Lo importante no es simplemente tener consejos o celebrar una gran asamblea. Si al terminar todo continúa funcionando exactamente igual, habremos avanzado poco. El verdadero fruto será que el proceso nos enseñe a discernir como diócesis y que la escucha, la elaboración de las decisiones y su posterior evaluación vayan entrando en nuestro modo ordinario de proceder.
4.- Escuchar sujetos concretos y dejarnos modificar por su palabra
El cuarto reto consiste en dejar de hablar continuamente de colectivos y comenzar a escuchar a personas concretas. Hablamos de «los jóvenes», «las mujeres», «los pobres», «los migrantes» o «los alejados». Son categorías útiles, pero pueden ocultar a las personas reales. Terminamos hablando mucho sobre ellas y poco con ellas.
Ya algunos teólogos nos animan a pasar de sujetos eclesiales abstractos a subjetividades concretas. Una profesora, un trabajador, una madre de familia, un joven que habita la cultura digital o una persona migrante aportan al discernimiento aquello que viven. La Iglesia necesita su lectura de la realidad, no solamente su disponibilidad para realizar tareas internas.
Esto adquiere una especial fuerza cuando hablamos de los pobres. No basta una Iglesia para ellos. Necesitamos caminar con ellos y preguntarnos qué nos está mostrando Dios a través de sus vidas y qué lugar efectivo encuentran en nuestras comunidades.
La conversación en el Espíritu puede ayudarnos, siempre que no la convirtamos en una técnica. Escuchar de verdad comienza cuando admito que la palabra del otro puede modificar mi comprensión y hacer nacer un nosotros que antes no existía. Por ello toda conversación en el Espíritu nace de la oración y la escucha de Dios.
Esta es la intención con la que estamos preparando en nuestra diócesis una Asamblea de Jóvenes. No queremos convocarlos únicamente para decirles qué esperamos de ellos. Necesitamos conocer qué viven, qué esperan, qué les duele, qué les ayuda a creer y qué encuentran o echan de menos en nuestras comunidades. Son Iglesia ahora. Algo semejante aprendemos en Cáritas, en los Centros de Escucha, en la pastoral con mayores o en la Mesa por la Hospitalidad: la soledad, la salud mental, la migración o la vivienda no son solamente problemas para los que organizar respuestas; son vidas que pueden ayudarnos a comprender mejor por dónde pasa hoy el Evangelio.
5.- Pasar de la polarización a la polifonía y de la yuxtaposición a la red
El quinto reto tiene dos caras: aprender a vivir la diversidad como polifonía y articular nuestras realidades como una red misionera.
Pentecostés no elimina las lenguas. El Espíritu no obliga a todos a decir lo mismo de la misma manera; hace posible que personas diferentes se comprendan y reconozcan una única Buena Noticia. Babel no es la diversidad, sino la incapacidad de construir comunión.
Una polifonía no consigue la unidad haciendo que todas las voces canten la misma nota. Necesita voces diferentes que se escuchen al servicio de una obra común. En una sociedad polarizada, necesitamos sostener el desacuerdo sin romper la comunión y reconocer que también quien piensa de otra manera puede poseer un don que necesito.
Algo semejante ocurre con nuestras instituciones. En un mismo territorio conviven parroquias, colegios, Cáritas, vida consagrada y movimientos que realizan un trabajo valioso, pero muchas veces permanecen incomunicados. Cada uno interpreta bien su partitura, pero falta la obra común.
Hoy comprobamos que las acciones de la Iglesia , que incluso la parroquia difícilmente puede ser autosuficiente. Necesitamos fortalecer obras, arciprestazgos y zonas pastorales, compartir responsabilidades y articular los carismas dentro de la Iglesia particular. La red no es solo coordinación; es un tejido de relaciones al servicio de una misión común donde todos entran en relación de complementariedad.
Y necesitamos aprender esta misma polifonía en nuestra relación con la sociedad. Nosotros estamos generando espacios de encuentro con universidades, empresarios, sindicatos, cristianos presentes en la vida política de sensibilidades diferentes, el mundo del arte y de la cultura. No pretendemos que todos terminen pensando igual. Se trata, antes, de recuperar la posibilidad de escucharnos sin clasificar inmediatamente al otro como adversario y de seguir tendiendo puentes allí donde crece la tentación de levantar muros.
6.- Formarnos para caminar y hacer de la sinodalidad una forma de misión
El último reto consiste en formar discípulos misioneros , capaces de vivir todo esto y convertir la sinodalidad en nuestra manera ordinaria de proceder.
No basta introducir una asignatura sobre sinodalidad en el seminario. Tenemos que formar sinodalmente: aprender a escuchar, trabajar con otros, gestionar con creatividad el desacuerdo, compartir responsabilidades y ejercer la autoridad sin aislarse. Esto afecta a los futuros sacerdotes, pero también al clero, la vida consagrada y el laicado.
Ningún modelo eclesial se sostiene únicamente mediante documentos. Antes de los effectus, de las estructuras y resultados, necesitamos cultivar el affectus: la confianza y la fraternidad que hacen posible el discernimiento.
En Madrid hemos aprendido algo de esto con Convivium, nuestra Asamblea presbiteral. Reunimos sacerdotes de edades y sensibilidades muy diferentes, algunos de los cuales llevaban años sin participar en espacios diocesanos comunes. Antes de llegar a muchas conclusiones apareció una evidencia sencilla: necesitábamos encontrarnos. Las preasambleas por edades y la conversación en el Espíritu ayudaron a hablar no solamente desde las ideas, sino desde la experiencia y también desde la vulnerabilidad. De ahí han nacido iniciativas concretas de cuidado, acompañamiento y fraternidad sacerdotal, pero el primer fruto fue anterior: recuperar vínculos.
El seminario debe ser también un lugar de aprendizaje sinodal. Si después pedimos a un sacerdote que escuche, trabaje con otros y discierna con su comunidad, esas capacidades no pueden aparecer mágicamente el día de la ordenación. Por eso estamos reforzando la relación de los seminaristas con la vida diocesana, recuperando órganos de participación y procurando que aprendan desde el comienzo a vivir el ministerio dentro del Pueblo de Dios y para su servicio.
Pero todo este aprendizaje perdería su sentido si terminara en nosotros mismos. Existe el riesgo de construir una Iglesia más participativa y, sin embargo, igualmente autorreferencial. La sinodalidad no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Más que decir solamente que la Iglesia tiene una misión, el proceso sinodal nos ha recordado que la Iglesia es misión. Caminamos juntos porque hemos sido enviados juntos; escuchamos y discernimos para reconocer mejor dónde nos precede el Espíritu y cómo anunciar hoy el Evangelio.
Para que esto se pueda desarrollar necesitamos también una cultura renovada de planificación y revisión. Una Iglesia sinodal discierne antes de actuar y continúa discerniendo después: qué frutos han aparecido, a quién no escuchamos y qué debemos mantener, corregir o abandonar. Por eso planificación, evaluación, transparencia y rendición de cuentas no son añadidos burocráticos; forman parte de un modo de proceder que quiere permanecer abierto al discernimiento y a la misión.
La conversión sinodal afecta a las actitudes, las conductas y las instituciones. No basta pedir humildad si las estructuras concentran toda iniciativa; tampoco basta modificar organigramas si no hemos aprendido a escuchar y discernir. Necesitamos conversión personal e institucional.
Conclusión: aprender a mirar como Dios mira
Quiero terminar con una imagen que nos ofrece esta ciudad. Pienso en la Sagrada Familia y recuerdo con emoción a Valentina, aquella niña ciega que durante la visita del Papa explicaba, mediante una maqueta táctil, los detalles y el simbolismo de la Torre de Jesucristo. Una niña que no ve podía ayudar a quienes vemos a contemplar mejor.
La belleza de la Sagrada Familia se logra entre muchos: el genio místico de Gaudí, arquitectos, artesanos, obreros, escultores, técnicos, personas anónimas, materiales humildes e incluso aquellos vidrios procedentes de botellas que terminan formando parte de una obra extraordinaria. Quizá haya aquí una hermosa imagen de la sinodalidad: nadie sobra, nadie construye solo y alguien al que aparentemente le falta algo puede ofrecernos precisamente aquello que nosotros necesitamos para mirar de otra manera.
El verdadero reto para la Iglesia no consiste en organizar la sinodalidad, sino en aprender a ser una Iglesia sinodal.
Volvamos a Jonás. No conoce los resultados ni controla la hoja de ruta. Dios solo le pide que se levante y vaya a Nínive. También nosotros caminamos sin tener todo el mapa. Pero no caminamos solos ni somos propietarios de la misión. El Espíritu ya actúa en su pueblo, distribuye dones y nos precede en lugares a los que todavía no hemos llegado.
Quizá la pregunta decisiva no sea solamente qué estructuras debemos cambiar, sino qué Iglesia estamos generando con nuestra manera habitual de relacionarnos. El salto sinodal comienza cuando aceptamos que nadie sobra y nadie basta; cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué tenemos que hacer nosotros y comenzamos a escuchar qué está haciendo ya Dios en su pueblo.
La sinodalidad no nos asegura un camino sin incertidumbre. Nos ofrece hermanos y hermanas con quienes discernirlo, una Palabra que orienta, una mesa que reúne y un Espíritu que sigue conduciendo a la Iglesia. Se trata de levantarnos, ponernos en camino, caminar juntos y dejarnos conducir.
Moscas. Una presencia inesperada y el poder curativo de la inocencia de un niño
«Pateando las piedras, aún sigo esperando que vuelvas conmigo, / aún sigo buscando en las caras de ancianos pedazos de niño, / cazando motivos que me hagan creer que aún me encuentro con vida». La desgarradora canción de Shakira Moscas en la casa inspiró el título de la nueva película de Fernando Eimbcke, que llega a nuestros cines el próximo 23 de octubre. El realizador mexicano explicó en un coloquio ofrecido en el Cine Verdi de Madrid que tituló así la cinta porque imaginaba que la protagonista sentía exactamente lo que describía la cantautora colombiana, viendo pasar los días encerrada en casa.
Olga, de 55 años, vive sola y necesita dinero para una operación en el dedo gordo del pie, así que decide alquilar una habitación de su apartamento a Tulio, cuya mujer está ingresada en el hospital de enfrente. Lo que no sabe es que su nuevo inquilino llega acompañado de su hijo Cristian, de 9 años, que se instala en el piso sin que ella se dé cuenta. Durante un tiempo, Olga continúa con su rutina sin sospechar que hay un niño en casa, hasta que descubre que lleva varios días allí.
Rodada en digital pero revestida de blanco y negro, la película adquiere una cercanía que la hace entrañable. En su estética y en su manera de observar la vida cotidiana, recuerda por momentos a Roma, de Alfonso Cuarón: los diálogos escasean, los rostros y los gestos hablan por sí solos y las acciones se desarrollan con una quietud que invita a mirar sin prisa. La cámara se sitúa muchas veces a la altura de Cristian, de modo que vemos manos, gestos y cuerpos adultos cortados a la altura del pecho, es una manera de dignificar la mirada del niño. El encuadre nos invita a habitar su mundo y a descubrir aquello que los adultos no siempre saben ver.
La fotografía de María Seco acompaña esta elección. Su cámara atiende a los pequeños detalles y entiende que narrar también consiste en observar y recoger la espontaneidad de cada gesto.
Lo más hermoso de Moscas es su confianza en el poder transformador de la ternura. Olga arrastra una herida que parece haberla dejado suspendida en el tiempo; la presencia inesperada de Cristian introduce en esa soledad una posibilidad real de encuentro. Bastan unas horas compartidas con un niño, con su curiosidad y su inocencia, para que algo empiece a moverse en una vida cerrada al mundo. No se trata de borrar el dolor, sino de descubrir que la compañía puede abrir una pequeña grieta por la que vuelva a entrar la luz.
Eimbcke convierte el pasatiempo favorito del niño en parte del relato: una actividad sencilla que conecta con la lucha que Cristian intuye que su madre está atravesando. El juego se transforma así en una forma de comprender aquello que todavía no puede nombrar. Con un humor sutil y ternura, la película recuerda que cuidar y mirar al otro con atención puede ser ya el primer paso para empezar a sanar.
El Papa León XIV no necesitará tratamiento tras extirparle el cáncer en el pulmón
El Papa León XIV no necesitará ningún tratamiento adicional después de que el pasado martes 13 de octubre le fuera extirpado el lóbulo inferior del pulmón derecho. Así lo ha confirmado este miércoles la Oficina de Prensa del Vaticano apenas una semana después de la intervención quirúrgica.
El comunicado eclesial llega después de la publicación, «hoy», de «los resultados de las pruebas histológicas y de biología molecular realizadas al material extirpado durante la cirugía del Santo Padre», ha señalado el comunicado de la Santa Sede, firmado por el médico personal del Pontífice, Luigi Carbone, y el jefe del equipo quirúrgico, Stefano Margaritora.
Estas primeras pruebas, junto con «una evaluación oncológica posterior» del lóbulo extirpado, «confirmó que no era necesario ningún tratamiento adicional». Los resultados, además, «han confirmado que se trataba de un adenocarcinoma pulmonar y que la enfermedad estaba localizada».
El Papa durante su paseo por la plaza. Foto: EFE / EPA / Fabio Frustaci.
Alta médica
El comunicado, publicado a última hora de este miércoles, ha llegado unas horas después de que el Santo Padre presidiera por la mañana la audiencia general. Cabe recordar que la operación tuvo lugar hace tan solo una semana. De hecho, el Vaticano anunció en un primer momento la cancelación de todos los compromisos del Pontífice hasta el 20 de octubre.
Sin embargo, la buena evolución postoperatoria provocó que León XIV recibiera el alta médica el sábado. A partir de ahí, los actos han ido volviendo a la agenda papal. Un día después se le vio asomado al Palacio Apostólico para rezar el tradicional ángelus dominical.
Posteriormente, el lunes, el Vaticano confirmó que la catequesis se iba a celebrar, pero en ese momento no sabían si el Santo Padre iba a poder subirse al papamóvil y recorrer la plaza saludando a los peregrinos. Finalmente, ha podido hacerlo. La lluvia no ha podido frenar a un Pontífice al que se le ha visto sonreír, bendecir a los niños y que no se ha sentado en ningún momento del trayecto.
Exámenes histológicos del #PapaLeónXIV: no es necesario ningún tratamiento adicional – Vatican News
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Ahora, la gran incógnita es qué pasará con los viajes que el Papa tiene programados próximamente. En su agenda, figura un periplo por Argentina, Uruguay y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre.
El Vaticano no se ha pronunciado al respecto. No así el cirujano que intervino el pasado martes al Papa León XIV, quien aseguró el sábado que el Pontífice puede afrontar desde el punto de vista médico el viaje apostólico a Latinoamérica.
«Diría que no hay motivos clínicos por los que no se pueda realizar este viaje», afirmó Stefano Margaritora, director de la unidad de Cirugía Torácica del hospital Gemelli, en una entrevista concedida a Andrea Tornielli.
¿Para qué sirven los grandes encuentros con el Papa? Comunicadores de la Iglesia dan cinco claves
¿Qué impacto han tenido en España y Portugal dos grandes encuentros eclesiales de los últimos años, como son la visita de León XIV a España en junio de este año y la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa, en 2023? Es la pregunta que han abordado las Comisiones Episcopales para las Comunicaciones Sociales de España y Portugal, que se han reunido en Orihuela-Alicante del 19 al 21 de octubre.
Con el tema Cómo los encuentros con el Papa movilizan la Iglesia, la cita contó con las aportaciones de Rita Sacramento Monteiro, directora ejecutiva de la Fundación Economía de Francisco, y Almudena Calvo Domper, responsable de Prensa del Comité Nacional de Comunicación del viaje apostólico de León XIV a España. Ofrecemos aquí las conclusiones:
1
Demuestran la relevancia social del Evangelio
La presencia del Papa «constituye siempre un momento de gracia y una ocasión privilegiada para hacer presente la vida y la misión de la Iglesia». La repercusión social y mediática de estos acontecimientos «ponen de manifiesto la capacidad de convocar a personas muy diversas y de situar la fe en Jesucristo en el espacio público». En este sentido, «permiten siempre constatar la relevancia social del Evangelio y abren oportunidades a la Iglesia para el diálogo sobre cuestiones que afectan al conjunto de la sociedad».
Foto: CEE.
2
Responden en positivo a la crisis y la polarización
En sus mensajes, el Papa ofrece «una respuesta positiva y ponderada a las cuestiones sociales, las situaciones de crisis y de polarización y las de falta de sentido». En particular, señalan «su capacidad para defender la dignidad humana, la justicia y el bien común sin alimentar el odio ni renunciar a la mansedumbre». Así, muestran que «la propuesta cristiana, centrada en un amor que busca el bien del otro, invita a mantener los principios sin recurrir a la confrontación y anima a trabajar por una sociedad en la que todas las personas puedan vivir con dignidad».
3
Invitan a la Iglesia a compromisos concretos
Con las palabras del Santo Padre «no se producen necesariamente cambios inmediatos, pero abren caminos que la comunidad cristiana está llamada a recorrer y compartir». El fruto de esta experiencia «puede desarrollarse a lo largo del tiempo» e «interpela a la Iglesia a traducir las palabras escuchadas en compromisos concretos».
4
Congregan a personas muy diferentes
Además de espacios de reunión, estas grandes citas son «ocasiones para la inclusión y la integración». Al congregar «a personas de procedencias y situaciones diversas permiten mostrar una Iglesia abierta al encuentro, que busca construir vínculos y favorecer la convivencia».
Foto: CEE.
5
Generan nuevas relaciones con los medios
Estos grandes eventos implican un trabajo comunicativo «muy destacable» que incluye la preparación informativa, la coordinación entre equipos y la colaboración con los medios para que «el mensaje llegue a públicos diversos». En este sentido, ambas visitas «han generado nuevas relaciones entre la Iglesia y los medios de comunicación» que trascienden la cobertura propiamente dicha, pues «ofrecen una oportunidad para establecer vínculos de confianza, favorecer el conocimiento mutuo y mantener abiertos espacios de diálogo».
Coria-Cáceres alerta de que unos estafadores clonan la voz de su obispo para pedir dinero
La diócesis de Coria-Cáceres alerta de nuevos intentos de estafa telefónica en los que los delincuentes suplantan la identidad del obispo o del vicario general mediante la clonación de sus voces. Los impostores han contactado con asociaciones y delegaciones, aunque el fraude podría extenderse a otras instituciones y administraciones públicas.
Según ha informado el Obispado, los estafadores siguen un procedimiento similar en todos los casos. Tras reproducir la voz de uno de los responsables diocesanos y aprovechar la familiaridad con la persona que recibe la llamada, solicitan una donación o afirman haber recibido una que pretenden transferir a la entidad contactada. Para ello, piden determinados datos.
Un guardia civil peina las redes. Foto: Europa Press
La diócesis advierte de que se trata de un fraude y subraya que ni el obispo, ni los vicarios ni ningún sacerdote solicitarán donaciones o información de esta naturaleza por teléfono, correo electrónico o redes sociales.
Ante la duda, acudir a la diócesis
En esta ocasión, las personas que recibieron las llamadas sospecharon de su autenticidad y contactaron con el Obispado para comprobarlas. Su aviso permitió alertar a la diócesis, que ha anunciado la presentación de la correspondiente denuncia y ha difundido una advertencia para prevenir nuevos casos.
Jesús Pulido es el obispo de Coria-Cáceres. Foto: Obispado de Coria-Cáceres
Ante este tipo de comunicaciones, la institución recomienda desconfiar de las peticiones urgentes, interrumpir la llamada y contactar directamente con la persona supuestamente implicada o con el Obispado para verificar la solicitud. También aconseja no realizar transferencias ni facilitar datos personales o bancarios por teléfono. Quienes tengan dudas pueden llamar al 927 245 250 o utilizar el formulario de contacto de la web oficial.
Ya sucedió en Segovia
El caso recuerda a los intentos de estafa denunciados en marzo de 2025 en la diócesis de Segovia. Allí, varios sacerdotes recibieron llamadas de una voz que imitaba mediante inteligencia artificial a su obispo, Jesús Vidal. Los impostores pedían transferencias urgentes con el pretexto de gestionar una supuesta herencia destinada a la Iglesia. En uno de los casos, solicitaron 2.200 euros para desbloquear una donación ficticia de 40.000 euros. Los sacerdotes desconfiaron, no cayeron en el engaño y la Policía Nacional investigó los hechos.
Catedrático de Física: «Dios podría ser el fundamento de la racionalidad cósmica»
«¿Para qué existe el universo?». Fue una de las preguntas que planteó el catedrático de Física de la Materia Condensada David Jou i Mirabent, de la Universidad Autónoma de Barcelona, durante la VIII Lección Conmemorativa Mariano Artigas, organizada por el Grupo Ciencia, Razón y Fe (CRYF) de la Universidad de Navarra.
Su atrevida respuesta planteaba la posibilidad de que existiera para el amor. En su intervención, propuso que incorporar el concepto de información al diálogo entre ciencia y fe podía servir para establecer puentes y abordar de una forma nueva cuestiones como esa.
—Empecemos por lo básico. Usted es catedrático de Física de la Materia Condensada. ¿Qué ámbito abarca exactamente, explicado para el común de los mortales? —Materia condensada es todo lo que no sean gases ni plasma; es decir, líquidos y sólidos, gran parte de todo lo que nos rodea, incluida la materia biológica y nosotros mismos. Tecnológicamente, materia condensada son además todos los circuitos de ordenadores y los cristales. Pero para mí, el paradigma o la quintaesencia de la materia condensada es el cerebro, que no es estrictamente sólido (es muy flexible) ni líquido (es muy viscoso). Aunque de él lo más importante es su estructura interna, tan misteriosa, que permite procesar la información. Es un ámbito que no se acaba nunca y es muy emocionante investigar.
—Normalmente, de la materia biológica se encarga la biología. ¿Qué puede aportar la física? —Yo he dado durante muchos años cursos de biofísica, que complementa la bioquímica, la biología molecular, la genética, etc. Por ejemplo, en los estudios del cerebro contábamos con la investigación sobre el funcionamiento de las redes neuronales. Recordemos que en 2024 el Premio Nobel de Física se concedió a las estrategias de redes neuronales artificiales que han llevado a la explosión de la inteligencia artificial sobre la base de entrenar estas redes para actuar como modelos de lenguaje de gran tamaño.
Pero antes de todo eso estaba la biofísica, que se situaba entre el estudio propiamente del cerebro, que hace la biología, y las ciencias computacionales, dando la base física esencial para pasar de un procesamiento de la información estrictamente biológico a uno computacional.
Ilustración de los dos premiados, John J. Hopfield y Geoffrey E. Hinton. Foto: Comité del Nobel.
—En muchos aspectos, este ámbito científico es bastante de frontera y toca bastantes cuestiones interesantes para el diálogo entre ciencia y fe. Muchas veces se ha acusado a la religión de que Dios era un tapa-agujeros de la ciencia, al que se recurría para explicar lo que la ciencia aún no podía. En su conferencia usted negó que Dios fuera este «refugio irracional de aquello que no conocemos» y afirmó incluso que es «el fundamento de la razón». ¿Por qué? —Hay dos maneras de ver la razón en ciencia. Una está basada en la biología y la considera como algo que procede del cerebro humano. En cambio, si estudias física la razón es mucho más general: una razón cósmica expresada en leyes físicomatemáticas de las cuales surgen la química, la biología y, en último término, el cerebro humano y la capacidad de razón. No hablaba del fundamento de la razón en un sentido solo sentimental o teórico, sino desde esta perspectiva de que Dios podría ser el fundamento de esa racionalidad cósmica que rige el universo que no aparece con el ser humano sino que es previa. La humana sería como un reflejo de ella.
—Propuso asimismo incorporar la información a la visión científica. ¿Qué quiere decir exactamente con información? Porque tradicionalmente se la diferencia del saber científico por su carácter más contingente. —La visión clásica del universo hasta 1950 estaba basada en materia y energía. Ahora está basada en materia, energía e información. Esta información entra en las ciencias físicas y computacionales a través de la idea de los bits como medida de la cantidad de información que necesitamos para transmitir un mensaje. Esta es la información cuantitativa. A ella se suma la estructural, por ejemplo el ADN, en el que lo importante no es su química sino la información que contiene sobre las proteínas que después van a fabricar las células. Y por último está la dimensión semántica: la información como significado, como cuál es la finalidad de esos datos. Es un sentido más filosófico, que es el que utilizaban los medievales: dar forma.
—Pero el «para qué» sería una cuestión extracientífica, ¿no? —Si a usted le dan una serie de ceros y unos pero no sabe si es una imagen, un sonido, una cadena molecular… será inútil. Este último sentido también toca el campo de la biología sintética. Desde 1920 hasta 2000 la biología molecular analiza las células para ver qué moléculas las constituyen y cómo interactúan entre sí. En el año 2000, a consecuencia del Proyecto Genoma Humano, se llega a poder sintetizar de forma bastante eficaz prácticamente todas las moléculas que constituyen las células. Ahora la pregunta es si podremos sintetizar una célula viva. Para hacerlo habría que dar información de la estructura y el ritmo de cómo se deben unir.
—Es un ámbito que puede plantear bastantes dilemas éticos. ¿Tendría ventajas? —La principal es que se pueden diseñar muchos nuevos medicamentos y sintetizar en cadena grandes cantidades de algunos que biológicamente serían difíciles de producir, yendo más allá de la ingeniería genética, que tiene que pasar por una célula. Pero efectivamente sí puede plantear dilemas. Aunque las primeras células sintéticas serían mucho más sencillas y poco tendrán que ver con la vida tal como la conocemos. Aun así se puede dar el riesgo de que sea una vida que no podamos controlar y empiece a interferir con la vida que conocemos y amenazarla.
—Lanzó una hipótesis atrevida: «Puede ser que el universo exista para el amor». ¿Hay indicios científicos que le lleven a decir esto? —La cosmología clásica se preocupa por la materia y la energía, pero ¿y si también se preocupara por la información semántica? Si nos planteáramos qué pasaría si el universo tuviera como propósito que existiera la vida, esto impondría una serie de condiciones sobre qué tipo de universo podemos tener. Para que pueda haber vida existen un montón de variables que tienen que tener unos valores muy concretos, que conocemos y que son los que, en efecto, tienen. Por eso cuando tomamos estas variables en consideración en su conjunto es difícil pensar que el universo no tenga esta finalidad.